Festival Territorios: Part four.

Conclusiones: ¿Un festival para todos?

Es muy fácil, desde las atalayas particulares de cada uno, criticar a Territorios cada año, quejarse de lo populista del cartel, de los horarios, del frío por la noche (yo por si acaso, me he quejado del calor de la Feria, a ver si el ayuntamiento la pone en Febrero el año que viene) y que esto ya no es lo que era.

Algunas quejas, por supuesto, son más razonables que otras. Ya en la última rueda de prensa anterior al festival, se preguntó sobre la ausencia de grandes nombres internacionales en el cartel de este años. El director de Territorios lo explicó con un inevitable pragmatismo: cuando se había anunciado la venida de estrellas con un caché de 5 cifras como Iggy Pop, no se llegaba a apreciar un gran repunte de la venta de entradas, algo que sí ocurría cuando se trataba de artistas nacionales como Amaral.

Esto es un fenómeno muy curioso de buena parte de los aficionados: el señalar a un grupo – sobre todo por su éxito comercial – como “lo peorrrrr”, obviando que no siempre lo que más triunfa es lo más facilón, sino simplemente, algo bien elaborado. Después van a sus conciertos y afirman cosas como “fue lo mejor del festival”.

Con Loquillo, Love of Lesbian o Ska-p yo escuché argumentos del tipo “está acabado”, “ya los vi el año pasado”, o “puff, a estas alturas…” Pero nada de eso se vio reflejado en las caras de satisfacción de los asistentes, en cómo saltaban o en su forma de corear las canciones.

De acuerdo, la cruda realidad económica ha hecho que buena parte del atractivo del antiguo Territorios esté ausente. Las apuestas arriesgadas no lo son tanto como antes, no se apoya a las bandas noveles locales y el ambiente de exploración cultural a lo WOMAD tampoco está. Inciso: Qué bueno estaba el pan frito (relleno de carne y gengibre) del puestecito Tailandés, barato, llena mucho y encima puede usted quedar como un explorador de sabores de otro mundo, si es de los que gusta quedar de éso. Y como se suele decir, no me llevo comisión. Fin del inciso

Pero si esto es lo que tiene que ocurrir para que Territorios siga funcionando hasta que la cosa mejore y se pueda retomar el viejo camino, algo que yo espero posible, pues que ocurra. Si festivales hechos a mi medida como el High Voltage londinense, hubieran podido sobrevivir a base de llevar grupos como Queens of the stone age o Marilyn Manson, también me hubiera parecido perfecto.

Esto no quita, ni mucho menos, para que algunas quejas estén más que justificadas. Hubo un momento en el que la distribución musical entre los distintos escenarios daba con un triángulo equilátero: Manel por un lado, La Mala por otro y Loquillo en el restante. Pero por otro lado, también demostraban el problema de cualquier festival que quiere abarcar tanto: los artistas del viernes noche no son de aquellos por los que yo me desplazaría a otra ciudad para verlos tocar o desembolsaría una cantidad importante de dinero por una entrada, pero dentro de un festival, me hubiera gustado poder ver sus shows de principio a fin para hacerme una idea mejor de cómo funcionan sus directos. Algo que la sincronía me hizo imposible.

Por lo tanto la media de “50 céntimos por artista” que propuso el director del festival en su momento es una demostración aritmética engañosa, como la utilizada por algunos medios a la hora de medir los asistentes en las manifestaciones. Esa media funciona si uno tiene algún que otro clon o no tiene que comer o ir al servicio. Pero el precio de la entrada o el hacerse socio del festival está más justificado por otras cuestiones como la calidad de algunos nombres (no siempre los más conocidos), la comodidad que implica la barra – y sobre todo los servicios -, de la zona de socios y disfrutar de un ambiente genial, en el que la gente se comportó de una forma cívica y responsable. Aunque me las vi y me las deseé para encontrar una papelera.

Hay otros problemas, como las “fugas” de sonido que me parecen más problemáticos. O se cubren los laterales de los escenario o se ajusta el volumen (o los horarios) porque sino es harto desconcertante que cuando un grupo empieza a bajar su volumen porque está terminando un tema más intimista, resulte casi imposible no escuchar el potente hip-hop o Rock’n’Roll de no muy lejos.

Por estas cuestiones (inherentes a muchos festivales) son las que me hacen desconfiar de este formato musical. Prefiero ver a un artista en un escenario pequeño, en sus condiciones, en una sala diminuta que a 20 grupos batallando contra las circunstancias. Ésto último tiene su atractivo, permite que los músicos se formen y se expongan a gente que no repararían en ellos bajo otras circunstancias, pero no es la forma más ideal de disfrutar de algunas músicas.

Teniendo todo esto en cuenta, mi balance de Territorios 2014 es muy bueno, pero si quisiera hilar más fino, diría “tablas, con algunos puntos extra a su favor”.

Part one.
Part two.
Part three.

Autor: Francisco Roldán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.