Fuimos al concierto de Extremoduro y volvimos de la cabalgata de Reyes

El sábado el tiempo en acompañó a que Sevilla se inundase de camisetas negras y ya desde primera hora de la tarde se congregaba una multitud de seguidores de Extremoduro a las afueras del Estadio Olímpico con un despliegue policial casi sin precedentes que rodeaba el recinto.

El encargado de prensa nos atendió amablemente repartiendo pegatinas que acreditaban a los fotógrafos, dando indicaciones de las canciones en las que estaban autorizados a hacer fotos y dando la amarga noticia de que después de dichas canciones, debían salir a dejar el equipo en el coche o donde fuese, ya que no habían habilitado consignas. Primer punto negativo, ya que, aunque esto sea una práctica no del todo aislada por los organizadores,  a nuestro parecer, costaba muy poco cerrar con llave una habitación habilitándola para este fin a efectos de evitar la incomodidad e intranquilidad que generaba salir a dejar el equipo fotográfico en el coche. A los redactores nos acompañaron a la entrada del recinto dejándonos frente a los accesos a grada e impidiéndonos salir, alegando con una impalpable simpatía que podíamos hacer nuestro trabajo desde allí. Y bueno, tienen parte de razón, nada te impide escribir una crónica desde grada aunque es cierto que se escapan detalles en cuanto a puesta en escena, detalles del escenario a causa de la falta de visibilidad y lo más importante, no se puede vivir el concierto de la misma forma.

Al entrar, unos carteles enormes a los pies del escenario disipaban nuestro miedo a la hora de posicionarnos a un lado u otro del escenario. Elegimos el lado izquierdo a este, para poder disfrutar manteniendo la compostura. Al final, pudimos ‘colarnos’ a la pista y apreciar detalles que en grada se nos hubiesen escapado por completo. En la “zona tranquila” disfrutábamos jóvenes, mayores, e incluso familias con niños sin preocuparnos por los molestos embistes a los que te arriesgas cuando se origina un pogo y no quieres formar parte de él. En la “zona marchosa” se apreciaba la entrega desde lejos; de hecho, mientras permanecíamos en grada pudimos ver el límite entre las dos zonas guiándonos únicamente por las manos alzadas de la zona más movida.

Los carteles delimitando las zonas desaparecían algo pasadas las 10 y media y un contenedor portuario azul a modo de telón comenzó a descender para dar paso a la brutal puesta en escena del grupo extremeño. El juego de luces, el sonido contundente y las cámaras dejaron notar que estamos ante un grupo con tablas que ha sabido incorporar a la perfección a sus actuaciones un gran show con el paso de los años.

El sonido pudo ser lo mejor del concierto, en el que Extremoduro defendió un trabajo “Para todos los públicos” como pudimos comprobar, introduciendo numerosos solos y partes puramente instrumentales a las que no nos tienen tan acostumbrados. Después de la intro llegaba el clásico, poniendo a toda la grada en pie para acompañar a la desgarradora voz de Robe en “Sol de invierno”. Entre las canciones del primer set, pudimos escuchar otros clásicos como “Buscando una luna” o “Golfa”, que sumieron al público del estadio en un estado de “Locura transitoria” de la que escapamos con los primeros acordes de “Entre interiores”, perteneciente al último trabajo de la banda. La primera parte del concierto llegó a su fin declarando una casi completa “Ley innata” acercándonos a un estilo diferente que nos evocaba a la ópera rock. 

Después de un prolongado descanso, en el que pudimos ir a estirar las piernas, siempre en la medida de lo posible, ya que, debido a la lona ya característica que cubre el suelo del estadio había que andar con siete ojos. Una parte mojada hacía que muchos se plantearan la práctica del patinaje artístico y otra, en la que ya se había secado, provocaba que nos quedásemos pegados literalmente al suelo y que andar dos pasos supusiese una odisea que ni en la cabalgata de Reyes. Además, cuando el descanso acabó, el ruido de los pies despegándose costosamente de la lona que provocaba la gente andando o bailando se hacía más que molesto a la hora de escuchar el concierto.

“Prometeo” y “Jesucristo García” se encargaron de devolver al éxtasis a un público insaciable, que no dejó de corear y agradecer las canciones más míticas de Extremoduro, que también se acordó de homenajear a Triana con “Poema sobrecogido”. Pero el punto más álgido llegó sin duda cuando la banda cogió carrerilla y nos brindó “Puta”, “Salir” y “Standby” donde sólo pudimos respirar durante la ya clásica introducción de esta última. Sin embargo, el concierto llegó a su fin con una parte sostenida en el tiempo formada únicamente por instrumentos, sin canción esperada que la precediese, cosa que nos dejó un sabor que podía haberse mejorado acabando con cualquier temazo que no incluyesen en el setlist. Los riffs de guitarra y golpes de batería fueron el preludio de los saludos y las ovaciones de despedida de la banda en Sevilla. Un concierto con un sonido acojonante y sobredosis de show, a mi parecer, aunque estoy segura de que es el principio de un gran cambio que se consolidará con un nuevo sonido que discrepa con el que Extemoduro nos tienen acostumbrados.

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