A solas con Ariel Rot

El pasado 11 de diciembre fue el día elegido por el artista argentino para visitar la ciudad del Pisuerga. El lugar de la cita: el elegante Teatro Zorrilla, pero con una peculiaridad. Esta vez el público no estaría en el patio de butacas y el artista no cantaría desde el escenario, sino que se invertirían los papeles. Es el formato llamado “Autoreverse”, recientemente inaugurado por la organización del Teatro para dar una perspectiva distinta y original a los conciertos que alberga.
Pasadas las 10 de la noche, Ariel Rot subía al curioso escenario, sin más compañía que dos guitarras eléctricas, una acústica y un piano. Ataviado con pantalones estrechos, americana negra, camiseta y pañuelo (sin olvidar las características gafas oscuras a las que últimamente nos tiene acostumbrados), arrancó con “Debajo del Puente”, tema de su primer álbum de estudio, del mismo nombre (1983).
La guitarra de Rot suena contundente, su habilidad como guitarrista se demuestra con temas inundados de arreglos blues y reminiscencias de los Stones. “Baile de Ilusiones” es el primer tema coreado por las más de 200 personas que acudieron a la cita (“porque la vida es un baile de ilusiones y el que no baila está muerto”). Un público compuesto en su mayoría por hombres y sobre todo mujeres que ya dejaron atrás los cuarenta, aunque tampoco faltaban adolescentes y jóvenes dispuestos a aprender de los maestros. Y es que Ariel Rot se ha ganado a pulso ese calificativo.
Generoso en el repertorio, intercaló temas sin apenas pausa en el inicio del concierto. Uno de los primeros parones se produjo para contar la historia de “Geishas en Madrid”, del disco “Cenizas en el Aire” (2000) sobre una mujer que en palabras del propio Rot “me cuidó, a veces demasiado”. Acto seguido, rememoró el momento en el que Joaquín Sabina le entregó la letra de “Viridiana”, con tintes mexicanos, para seguir con “La Huesuda” también con aires a ranchera, tema que da título a su último trabajo (2014).
Llegado el ecuador del concierto, el rockero argentino se sentó al piano. No creo que muchos conocieran su habilidad para las teclas, pero lo cierto es que se mostró sobradamente solvente, interpretando temas como su conocida “Para Escribir Otro Final”, “Dos de Corazones” y “La Mirada del Adiós”, que finalizó con un fragmento de la coda de “In My Life” de los Beatles. Los maestros tampoco se olvidan de los que les marcaron el camino…
Ariel se mostró relajado, estaba a gusto en el curioso escenario (“¡No vino nadie, hemos palmado tío!” bromeó girándose hacia el desierto patio de butacas). No escatimó en conversación, explicando durante varios minutos el porqué de alguna de sus canciones. El público vallisoletano, respetuoso en todo momento con la actuación del bonaerense, incluso intervino entablando diálogo en determinados momentos, como cuando lanzó un debate sobre las “groupies”, que incluyó un consejo para las nuevas generaciones de músicos: “Nunca te acostés con una mujer que tenga más problemas que vos” antes de interpretar “Pólvora Mojada” en la que canta sobre un traumático encuentro con una de estas jovencitas.
Se colgó su Martin acústica para encarar el último tramo del concierto. “Bar Soledad” fue lo primero que cantó, de nuevo de pie, después de rememorar su llegada a Madrid allá por el año 76, con tan sólo dieciséis añitos. Le siguió “Manos Expertas”, un tema sobre el paso del tiempo y los achaques de la edad (“contra los achaques de la edad sólo se necesita amor, humor y unas manos expertas”).
La primera parte finalizó con una de las dos únicas concesiones que hizo a su carrera con Los Rodríguez. Fue el momento álgido de la noche, “Dulce Condena” fue coreada por la totalidad de la sala, demostrando que el grupo que formó con Calamaro, Vilella y Julián Infante marcó un antes y un después en el rock patrio. Con un “hasta siempre” se despidió del escenario.
Faltaban todavía los bises, que Rot acometió otra vez al piano. Las canciones elegidas fueron “Cenizas en el aire” y, con un público ya entregado, la “Milonga del Marinero y el Capitán”, también de Los Rodríguez. Se despidió, esta vez sí, con la versión de los Ramones de “What a Wonderful World”, ya sobrepasada la hora y media de concierto.
Ariel Rot dejó muy claro que le queda mucha cuerda por delante, que es uno de los mejores guitarristas del país y que él solo se basta y se sobra para regalar noches de rock y canciones.

Setlist del concierto:
Debajo del Puente
Lo Siento Frank
Baile de Ilusiones
Felicidad
Geishas en Madrid
Viridiana
La Huesuda
Los Tipos Duros No Bailan
Para Escribir Otro Final
Dos de Corazones
La Mirada del Adiós
Emociones Escondidas
Una Casa Con Tres Balcones
Pólvoras Mojadas
Bar Soledad
Manos Expertas
Dulce Condena
Cenizas en el Arire
Milonga del Marinero y el Capitán 

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