Niños Mutantes y Maryland se salen de la órbita terrestre

«Esta noche vamos a volar». Todos los náufragos de la ciudad nos reunimos  por unas horas en una misma isla levantada sobre asfalto. El timón: la guitarra y la voz de Juan Alberto, que junto al resto de la tripulación nos hizo perder la noción del tiempo y el espacio (que, por otro lado, tampoco importaron nunca).

La noche era para Niños Mutantes, que presentó el sábado día 20 en la Sala Penélope de Madrid su último álbum, El futuro, junto a Maryland, el grupo de power pop natural de Vigo, que hace unos años que ya se ha ganado un lugar en el podium del indie nacional. Ambos grupos coincidieron este verano en el Sonorama y lo volvieron a hacer en una fecha muy señalada para Maryland, pues el concierto marcó el fin de la gira de presentación de su tercer disco Los Años Muertos (2013).

Con otros dos discos ya en el mercado (Surface, 2009 y Get Cold Feet, 2011), Maryland se decide por fin a explosionar en castellano. Un resultado cargado de temas enérgicos y emotivos, que animaron a todo el público a seguirles en sus letras. Maryland no solo canta. Maryland te monta la fiesta y te la baila. Estallido de confeti final y foto Polaroid incluida que, para los que estuvisteis presentes, podéis ver en su página de Facebook.

El final de Maryland marcó el comienzo del concierto mutante. Aunque la banda presentaba su nuevo disco, hizo un barrido por toda su discografía. No podían faltar: Manual de autoayuda (El sol de invierno, 2002); Te favorece tanto estar callada y No puedo más contigo (Todo es el momento, 2008); Errante, Días complicados y Las noches de insomnio (Las noches de insomnio, 2010); Náufragos, Hundir la flota y Volverás (Náufragos, 2012); y Barronal, Todo va a cambiar y Robot (El futuro, 2014).

Inés (que me dijo que le firmara como «Maripuri»), una fan con la que acabé compartiendo letras, baile y cubata, quería cantar esa noche Como yo te amo. Y es que la Jurado y el hipster de Raphael tiran mucho, pero Niños Mutantes prefirió apostar por temas propios (tampoco se les puede negar este privilegio).

Si algo tiene Niños Mutantes es que consiguen que todos cantemos sus letras. Y las bailemos. Ellos subidos a su cohete. Nosotros en tierra firme. Todos locos, saliéndonos de la órbita terrestre.

Hacia el final del concierto, la gente grita «otra», después de las «otras» canciones que siguen al mítico: «Bueno, y esta es la última». Pero Juan Alberto recuerda la normativa del Ayuntamiento de Madrid (thank you very much Ana) de no más bacalao a partir de las 23.30, seguido de un afilado, contundente y acertado: «¡Vaya puta mierda!», con el que Niños Mutantes acaba por coronar su flota.

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