El Partido más Difícil de Izal


Desde el verano Izal se encuentra inmerso en la Gira Despedida en la que se despiden de su segundo trabaja Agujeros de Gusano, una gira en la que repasan sus dos primeros trabajos y muestran un pequeño adelanto de los que será su próximo trabajo. Pues esta Gira Despedida recalaba en Vigo el pasado sábado para jugar uno de sus partidos más difíciles y es que el segundo concierto en tierras gallegas de la banda madrileña competía contra el derbi del fútbol gallego ¿Cuál sería el poder de convocatoria de la banda indie de moda? ¿Ganaría la música al deporte rey?

De camino al Auditorio Mar de Vigo el paisaje no era demasiado halagüeño, en los aledaños no había las típicas congregaciones de gente que suelen ocurrir en los conciertos que se celebran en el hall de dicho auditorio y el acceso a mismo era rápido y cómodo. Una vez ya dentro del auditorio la imagen mejoraba, aunque me sorprendía gratamente encontrarme personas de ciudades próximas que habían decidido acercarse a Vigo a ver el concierto de los madrileños.

A la hora establecida los chicos de Izal tomaban el escenario olívico con su formación de uno más cuatro donde Mikel Izal se colocaba centro flanqueado por Alberto Pérez a la guitarra y Emmanuel Pérez al bajo, tras ellos podíamos encontrar a Iván Mella a los teclados y Alejandro Jordá en la percusión, cerrando así la formación. Vítores y aplausos entre el público cuando el silencio se rompía con los primeros compases de Jenna Fisher… pero algo fallaba, el crepitar era constante en el sonido de banda, así, Mikel Izal tras presentarse anunció que debían abandonar el escenario para reiniciar el equipo de sonido y que ello tardaría unos minutos. Pero como dicen en mi tierra «no hay mal que por bien no venga» así nos enteramos que el Celta se adelantaba ante el Deportivo de la Coruña y que los tres puntos estaban más cerca de Vigo.

Minutos más tarde la banda regresó de nuevo al escenario prometiendo dos horas de rock and roll y con ganas de agradar tras el conciertus interruptus que acabábamos de vivir. Así pues Izal sacó su vena más guitarrera e hizo un repaso a sus canciones más rápidas y directas de estos dos primeros trabajos. Canciones que el público de las primeras filas se dedicaba a corear de principio a fin a la vez que grababan o tomaban fotos con sus teléfonos móviles en medio de un estado de histeria colectiva que llegó a su éxtasis cuando los madrileños atacaron Pánico Práctico. No hay duda: Izal cuenta con un séquito de fans que se traen sabidas de casa sus letras y poses.

Algunos temas después la banda abandonaba el escenario que se quedaba a oscuras, un escenario donde cinco sillas aparecían para que la banda las ocupase. Pero todo cambiaba, los cuadrados de luces de colores daban paso a una iluminación mucho más intima que ponían fin a la histeria aunque fuera por unos minutos. Un «nuevo» escenario que les sirve de plataforma para reivindicar sus raíces como grupo curtido en bares y no siempre, como ahora, en recintos mucho más amplios y quizás más impersonales. Suenan entonces melodías más lentas, Sueños Lentos, Aviones Veloces por ejemplo, hacen las delicias de ellas que se agolpan contra la valla.

Llegarían después los Agujeros de Gusano y En Aire y Hueso, adelanto del que será su próximo trabajo (que posiblemente vea la luz a finales de este 2015). Poco quedaba ya, la banda abandonaba de nuevo el escenario para el que regresaría para el último arreón que tras la lluvia de confeti en Despedida llegaban a su fin con La Mujer de Verde.



































Izal suelen ser menospreciados por buena parte del público por su supuesta falta de originalidad, por iguales que… o la copia de… es cierto, Izal no hace nada nuevo incluso no creo que cumplan sus promesas de rock pero sí dan lo que su público les pide: canciones rápidas que alguno de sus seguidores a tomado como himno rebelde con el que romper el dominio de las radio formulas de su grupo de amigos. Izal les aporta dos horas de felicidad y rebelión (comedida), no, no es rock pero le hace igual de felices… y no seré yo quién juzgue la felicidad ajena.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.