Fiesta de Radio 3 Extra

A ver, cuando alguien promete una gran fiesta, tú sales de casa metalizado de que no lo va a ser, porque siempre que lo has hecho al revés has acabado acostándote solo con las manchas de grasa de una pizzería 24h cerca de Sol. Y luego llega Radio 3 y te desmonta toda la teoría con una cola que da la vuelta casi completa al Teatro Barceló (Madrid). 
Con una agradecida puntualidad, el sonido desgarrador de Biznaga rompe en el escenario de Radio 3. Cuatro madrileños rebeldes representantes del estilo punk y que sacaron su primera demo en 2012. El pasado año estrenaron por fin su primer LP «Centro Dramático Nacional«, cuyo  himno es «Máquinas Blandas«, a la que todos nos sumimos sin darnos cuenta al grito de «somos putas» (de la sociedad, entiéndase). «Somos una celebración del asco o algo así» (recogido en una entrevista para Rolling Stone). Sus letras no son la búsqueda de la rima fácil, ni tampoco persiguen la satisfacción del placer inmediato propio de la industria. Ellos revuelven las tripas y pasan por dentro dejándote incómodo, con picor. Hay una pequeña pieza de ti, la inconformista, que se ha deformado ligeramente y ya no vuelve a encajar dentro de la complacencia y el letargo al que los jefes nos tienen sometidos. Y claro, si a uno no lo escuchan: grita. Punk, ruido y velocidad. Biznaga es la flor afilada que resquebraja el cemento de la ciudad con crudeza. 
Y seguimos con los residuos de esta sociedad. El relevo lo toman Alborotador Gomasio, un grupo de la capital que canta el noise pop propio de los 80 y los 90. Ellos también han venido a hacer ruido, o eso dicen al principio de su concierto. Se entiende que la onda expansiva de Biznaga les ha alcanzado y hasta Miguel López, al que estamos más acostumbrados a ver como bajista de Cómo vivir en el campo, está algo más animado que de costumbre, dando eco a las palabras del beatle Marco Antonio Corrales (voz y guitarra). Curiosa la sutil pero necesaria presencia del diminuto teclado a manos de Guillermo Vázquez, con su sonido y su look noventeros. Por cierto, ya tienen nuevo trabajo: «Los excesos de los niños«. 

El punto rapero lo pusieron Nestakilla, un dúo canario que de alguna manera parecían justificar su presencia con repetidas sentencias: «Me gusta esta fiesta porque hay de todo: grupos indies… No sé, fiesta rock, electrónica, rap…«. Lo que está claro es que Nestakilla aceleraron el ritmo de la noche y nos pusieron a todos en movimiento con su particular fitness inspirado por su tema «Leggins»… Y brazos arriba. Ellos venían informados de que aquello era una fiesta y supieron estar a la altura. Interacción con el público y por primera vez incorporación de los sintetizadores en el escenario. Ninguna queja. Tampoco me olvido: su primer LP es «Crisálida«, recién salido del capullo.
Y  siguiendo  a la artillería pesada de Nestakilla, Víctor Santana & Quartet Live, la mágica conjunción de las dos pasiones del Dj: el sonido de la electrónica underground y lo instrumental. Víctor Santana huye de lo digital y prefiere el despliegue del hardware con el que consigue su sonido techno, quedando perfectamente integrado con los dos saxos y los teclados. Víctor anticipa cada nueva entrada de alguno de los instrumentos apuntando con su mano, esperando para recogerlo y potenciarlo con sus sintetizadores. No lo puede evitar, es un poco director de orquesta. Pero eso está bien. Había complicidad y entendimiento, ningún sonido fuera de lugar y mucho buen rollo. El teclista no podía borrarse la sonrisa de la cara. Algunos de sus movimientos parecían fruto de un feliz accidente, llevados por la emoción del momento, que es el mismo que obligó a dar un toque de atención al cuarteto: «Vayan cortando la fiesta«. Lo mejor: el susodicho corriendo a besar a uno de los saxofonistas (golpecito de nalga izquierda incluido). 
Y sin abandonar el toque electrónico, Cycle, con su synth-pop oscuro y perturbador, abre con el single «Saturday Girl«, anticipo de su nuevo trabajo: «Dance All Over«, que verá la luz el 14 de abril bajo el sello Subterfuge. El loco de Luke Donovan nos genera sentimientos confrontados: esa pose de conquistador y ese movimiento de brazos digno de cualquier rave. Tan desfasado que podría hasta gustarnos. Lo contrario nos ocurre con La China Patino: ella es una diosa encarnada en Xena, la princesa guerrera. Con una espada enfundada a la altura de la pelvis y las pintadas de guerra en sus pómulos marcados despertó las emociones de todos los presentes. Su participación vocal no debería determinar su ubicación espacial: sus bailes de conejito sexy y ese momento a lo Bar Coyote en el que lanza agua a los de la primera fila… Eso merece la atención de todos los focos. Y para terminar «Confusion!!«. 
Los chicos de Los Punsetes suben al escenario y cuando parece que todavía no han acabado de afinar, aparece ella con su vestido de terciopelo rojo y dos grandes círculos pegados en los hombros. Ella es la Reina de Corazones, salvo que ha cogido todo el amor y lo ha deformado en un montón de temas nuevos e inconexos. Letras que son para jugar, para  ser políticamente incorrectos y clavar puñales, siempre desde el cariño y el respeto (o no). Una puesta en escena que tiene a una Ariadna cual estatua de las Ramblas, reproduciendo uno a uno los temas más representativos de Los Punsetes: «Arsenal de excusas«, «Tus amigos«, «Opinión de mierda» y «Me gusta que me pegues«, canción con la que cerraron seguido de un «Muchas gracias. Se agradece«. Y sin el menor ápice de expresividad, como si bajo sus costuras tuviera un arsenal cableado, desaparece a paso decidido, mientras el resto recoge su equipo. Efectivo, rápido, impecable, diferente y divertido. Los Punsetes
Suena la melodía folk de «Owners of the World«. El meister de larga barba y gafas Ray-Ban ya en el escenario: «Queremos oír mucho ruido. Un aplauso para que la gente de la radio nos escuche«. Y toda la sala, repleta hasta decir (ponme una birra más) basta, se funde en aplausos. Rockero de carretera, Javier Vielba se transforma en electricidad sobre el escenario, tanto en la interpretación de sus temas como en la entrega con el público. Escuchar a Arizona Baby en directo es siempre un lujo.  «Shiralee» marcó el final de concierto. 
Tres horas y media de conciertos. Por fin el turno de Izal, o esto debieron pensar la mayoría de los asistentes. Puede que seas de los que se alegraron durante aquel breve instante de confusión en el que se anunció por primera vez su «Gira Despedida«, que no «de despedida», vaya. Pero los hechos son los hechos: Radio 3 los eligió a ellos como cabeza de cartel y, muy posiblemente, todos esos teens que hacían doblarse la cola alrededor del Teatro Barceló estuvieran ahí por ellos. Si algo debe ser destacado es la comunión creada entre los músicos y el público. Toda el mundo está con y para Izal. La gente vitorea cuando Mikel presenta «La mujer de verde» como final de concierto. Este decide mantener silencio en algunas estrofas. Vacíos que nunca lo son porque nadie puede evitar cantar. Y eso, señores, es magia y efect… Já.
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