Jack Nicholson sigue vivo.

Hay pocas noticias sobre Jack y su enfermedad, quizá por el respeto que merece tanto la figura del genio  como el Alzhéimer, quizá porque recientemente apareció en público y parece que se va desmintiendo todo, quizá por que ahora venden más otros personajes de dudosa reputación laboral y personal, pero lo que realmente me llamó la atención fue el ver que las noticias le trataban como un personaje más, como a alguien sin importancia.

Todo lo que rodea a un genio, ya sea para bien o para mal, lo acaba convirtiendo en leyenda y como tal, la vida de Nicholson tan salvaje y tan ruidosa daría para muchas películas, libros o canciones. Lo que me atrae y me absorbe como un agujero negro de este hombre es la actitud provocadora, rebelde, innovadora e independiente. Era una puta fuerza de la naturaleza.

Aunque pocos lo sepan, Nicholson fue el guionista de la película The Trip (1967) en la que un hombre con unos problemas existenciales brutales decide probar el LSD. Esta película se convirtió en la primera en describir un viaje ácido, seguramente basada en las propias experiencias de Jack Nicholson.

Aunque ya había participado en varias películas como protagonista, (películas de terror y serie B) como la banda The Doors, esta película le sirvió de puerta a un mundo nuevo, el mundo de la fama, las fiestas, las mujeres y el glamour.

Ante este panorama surgió su fama de mujeriego, de un hombre que más que un actor llevaba el ritmo de vida de una auténtica estrella del rock. Amigo de Dennis Hopper (participó en «Easy Rider») tenían en común a amigos como Jimmy Hendrix o The Byrds con los que compartía su afición por el LSD.

Los 70′ se convirtieron en los años de su reinado y es que Jack Nicholoson era Hollywood.

En esta década que seguramente se le pasó volando por los excesos en el consumo de cocaína y drogas varias, trabajo a las órdenes de directores que hoy en día consideramos auténticos referentes como con Milos Forman («Alguien voló sobre el nido del Cuco«), película con la que consiguió el primer Oscar; con Elia Kazan («El último magnate»); con Kubrick («El Resplandor») o con su amigo de correrías (orgías normalmente) Roman Polanski («Chinatown»), con el que se vio envuelto en un asunto muy turbio, ya que se acusó al directo polaco de abusar de una menor en casa de Nicholson.

La Mansión del actor en Hollywood era famosa por sus fiestas y los invitados a ella, no sólo gente relacionados con la industria del cine, también con músicos. Por aquel tiempo se hizo amigo íntimo de Mick Jagger. Eran famosas las noches en Studio 54 junto al músico inglés y Scorsese, tanto que, se rumorea que de esas fiestas y lo que se metían por la nariz surgió esa agresividad antinatural de «Taxi Driver».

En esta década también conoció al que ha sido el gran amor de su vida: Anjelica Huston. El propio Nicholson ha reconocido recientemente que ahora que casi no sale de casa y siente que la soledad se apodera de su vida, que Anjelica fue el amor de su vida, pero que no podía ser fiel solo a una mujer por aquella época (la lista de amantes y sus enredos daría para una telenovela venezolana de éxito).
En los ochenta compartieron protagonismo en «El honor de los Prizzi» (1985) y ambos estuvieron nominados a mejores actor y actriz de reparto. Esta vez Huston ganó la estatuilla y Jack no, pero un par de años antes Nicholson ganaría el Oscar a mejor actor de reparto por «La fuerza del cariño».

A finales de los ochenta y principio de los noventa su sonrisa de pícaro ya era todo un icono, el tema drogas en público lo había apartado, pero seguía siendo salvaje. En 1997 interpretó un papel que le venía al dedo en «Mejor… imposible» por el que recibió otra estatuilla. No hay que olvidar que detrás de todo este delirio de vida es el actor que más ha sido nominado en los Oscars (12 veces) y que ha mantenido una carrera bastante sólida y coherente, sin rebajarse nunca a hacer mierda como otros actores contemporáneos. Prueba de esto son sus actuaciones en dos de sus últimas películas: «A propósito de Smith» (2002) e «Infiltrados» (2006).

No sabemos si los excesos le habrán pasado factura, lo que si sabemos es que es uno de nuestros actores de referencia, ejemplo de libertad e independencia y que aunque haya dejado el cine y este recluido en su mansión de Mulholand Drive, nosotros nos seguimos acordando de él.

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