¿Aún no eres ministérica?

Hace unas 6 semanas se estrenó El Ministerio del Tiempo en Televisión Española, serie creada por los hermanos Pablo y Javier Olivares, conocidos por haber sido los cerebros de la serie Isabel.

El Ministerio del Tiempo es de género fantástico e histórico. La verdad es que este tipo de combinación, de buenas a primeras, no crees que vaya a quedar muy bien al tratarse de una producción de nuestra España “cañí”. Pues esta vez, por suerte, nos hemos equivocado de cabo a rabo porque esta serie es canela fina o como dicen algunas abuelas “oro molío”.

La sinopsis es muy sencilla: Son tres personas de épocas muy diferentes que trabajan para un Ministerio secreto y cuya misión es viajar en el tiempo para evitar que nuestro presente cambie. Lo hacen a través de unas puertas, en cada una de ellas se esconde una periodo histórico distinto.

Sus protagonistas son:

Julián (Rodolfo Sancho): Un enfermero del SAMUR del siglo XXI que vive atormentado por la muerte de su pareja en un accidente. El Ministerio lo contrata porque sabe que su mayor cualidad es que no tiene nada que perder porque cree haberlo perdido todo. El guaperas majete.

Alonso de Entrerrios (Nacho Fresneda): Soldado del siglo XVI, también conocido como el Capitán Alatriste. Fichado porque es un gran estratega y leal a las grandes causas. El Ministerio le salva justo antes de que lo manden al “corralillo de los quietos”. Es el carca del grupo que se flipa por todo lo moderno y no termina de asimilar eso que los “jóvenes” llamamos feminismo

Amelia Folch (Aura Garrido): Mujer del siglo XIX. Inspirada en la primera mujer universitaria de nuestro país. Es la jefa de este extraño trío. Su mayor cualidad es que es un cerebrito, todo lo sabe y conoce sobre Literatura e Historia. La listilla “groupie” incondicional de Lópe de Vega y puede que de alguno más que aún no nos han presentado.

Otros personajes recurrentes son Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo), una escéptica mujer de los años 30; Ernesto Jiménez (Juan Gea), funcionario solitario; Salvador Martí (Jaime Blach), subsecretario de Misiones Especiales; y Lola Mendieta (Natalia Millán), espía para los franceses durante la II Guerra Mundial. 

Desde que se estrenó la serie, esta se ha convertido en un fenómeno de masas. Los fanfictions (historias inventadas por usuarios sobre cosas que podrían pasar en la serie) y los fanarts (obras artísticas de los usuarios) eran cosas propias de las series de Estados Unidos o Inglaterra. Pues bien, ahora resulta que por primera vez en la historia de nuestra televisión, una serie de calidad ha despertado este fenómeno. Incluso hay gente que ha llegado a crear carnés “ministéricos” para aquellos que nos consideramos supermegafans de la serie.

Algún ejemplo de este fanatísmo televisivo, para que os hagáis una idea, serían:

The Cumberbitches: Aquell@s (sobre todo aquellas) que son fans incondionales de Benedict Cumberbatch, un Sherlock moderno.

The Hiddlestoners: Aquell@s (también sobre todo aquellas) que se consideran fans acérrimas de Tom Hiddlestone, conocido sobre todo por su papel de Loki en las pelis de Thor y The Avengers.

A raíz de esto, con El Ministerio de Tiempo, ha aparecido un nuevo tipo de fan. Todos aquellos que declaran su amor por esta serie son conocidos como “Ministéricos”. Y gracias a su demostraciónes de afecto y su seguimiento fervoroso a través de las redes sociales, se ha conseguido que la serie renueve para una segunda temporada después de la emisión de su cuarto episodio.

Y otra cosa que hemos conseguido los Ministéricos es que Jordi Hurtado, ese hombre de aspecto atemporal haya aceptado hacer un cameo en la serie. Porque muchas teorías apuntaban a que el presentador de “Saber y ganar” realmente pertenece al Ministerio del Tiempo, de ahí que en todos los años que lleva de programa su rostro no haya cambiado ni un ápice.

Muchos os preguntaréis que tiene de genial esta serie y porque nos hemos vuelto locos de la almendra con sus teorías sobre conspiraciones judeomasónicas dignas de un enajenado mental  de esos que llevan un cartel de “¡Arrepentíos insensatos! ¡El fin del mundo se acerca!”. Pues precisamente eso, todas las ideas peregrinas que se te puedan ocurrir sobre temas históricos parecen cobrar un sentido muy real gracias a este Ministerio. Y además, logra que de repente las clases de historias dejen de parecer esa asignatura aburrida, en la que se te caía la babilla del sueño y te despertabas de sopetón por un cabezazo contra el pupitre o el codazo de un compañero cabroncete, que no tenía nada mejor que hacer que reírse de ti para matar el aburrimiento.

De hecho, cada vez que termina un capítulo, acabas preguntándote ¿De verdad pasó eso? ¿De verdad Lope de Vega era el Barney Stinson de la literatura del siglo XIV?¿Es posible desarmar a Lope de Vega con un verso de la canción de “Maneras de Vivir” de Leño? ¿De verdad los nazis se fueron a Montserrat en busca de un supuesto santo grial y se negaron a besar a la Moreneta por ser negra? ¿Cómo era Anónimo y porqué escribió el Lazarillo de Tormes? ¿Qué pasaría si realmente se pudiera viajar en el tiempo?¿Te irías a los ochenta a un concierto de David Bowie o preferirías volver a abrazar a alguien que quieres y que ya no está vivo?

Aquí la escena de “chúpate esa Lópe de Vega” (Espacio patrocinado por Rosendo Mercado):

Como veis, esta serie consigue que te plantees preguntas sobre la historia del mundo y sobre la tuya propia. No te deja el cerebro en encefalograma plano como hacen los programas de “Telecirco”. Todo lo contrario, tu lado curioso parece cobrar vida deseando saber más y aprender más sin que ello sea sinónimo de aburrimiento supremo. Y todo ello con referencias actuales con las que te puedes identificar fácilmente ya sean las pelis de Terminator, Curro Jiménez o las pintacas que me llevaba Tino Casal en los ochenta.

Hasta cuenta con el mejor artista de retratos robot, Diego Velázquez. Un pintor un poco divo y con razón, pero un poco pesado, ya que en uno de los capítulos su máxima obsesión era conocer al mismísimo Pablo Picasso al que admira fervientemente como si fuera una colegiala groupie de One Direction. Al final (ojo spoiler) logra su deseo y todos nos derretimos en la escena en la que ambos mantienen una conversación en el bar Els Quatre Gats de Barcelona, precisamente de las obras de Velázquez sin que Picasso sepa con quien está hablando con el ilustre autor de Las Meninas.

Espero que después de leer este artículo te apetezca probar a ver que se siente al ser eso que llaman  “Ministérico”. Yo ya lo probé desde el día uno y no sólo NO me arrepiento, sino que a cada capítulo que pasa me vuelvo más ministérica si es eso posible.

Elena Roig
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