El sonido del SanSan no estuvo a la altura de los grupos de su cartel

La primera sensación que me embargó al cruzar el campo de Gandía fue la de haber ido a parar a un centro comercial. Grupos y más grupos programados en un horario que iba de las 4 de la tarde hasta las 4 de la madrugada sin dar respiro, solapando los directos de las bandas del escenario principal y el secundario. Tanta oferta, tanta variedad… yo siempre he sido más de las tiendas de barrio, esas que te ofrecen tres artículos, pero cuidados y estudiados, a las grandes superficies comerciales, en las que abunda la variedad pero no la calidad. Y no, no estoy diciendo que las bandas seleccionadas para tocar en el SanSan Festival fuesen malas. Lo que digo es que Izal sonó como podría sonar el directo de un karaoke de barrio, con un micrófono y una reverberación de sonido que, si no fuera porque el público gritaba tanto que apenas uno estaba atento a la música, habría dado para tirar un par de tomates. Y qué decir de Supersubmarina. Al pobre Chino se le oía como a un verdadero ciudadano mandarín. Eso sí, los Dorian sonaron perfectísimos, como son ellos.

Pero, como dijo Jack el Destripador, vamos por partes.
Llegábamos el jueves (santo) a Gandía con un sol de justicia, calorcito y muchas ganas de lucir pase de prensa. Las Nancys Rubias presumían de playback ante un público más bien modesto (parece ser que lo de traer a Bibiana Fernández no convenció a las hordas indies de hacerle un huequito en su corazón a Mario Vaquerizo). Mientras, Delacruz intentaba pasar por alto el solapamiento de sonido entre el escenario principal y el secundario, haciendo caso omiso a las frases desengranadas del Vaquerizo que se colaban en su directo. Hubiera dado para un par de chistes, pero los Delacruz parecían acumular más mala leche que ganas de bromear. Así que, vistas las circunstancias, se imponía un paseíto por el recinto (me faltó más césped) y unas fotos con el Sansito, al que nos encontramos tirado en el suelo con una mujer al lado pasándole la mano por la frente para ver si tenía fiebre. UPS.

Los grupos del jueves molaban TODOS, así que el problema principal fue decidir de qué escenario no moverse. Las ganas de ver a Nacho Vegas (mi primera vez con el asturiano) se impusieron. “This machine kills fascists” rezaba el fondo de pantalla del escenario, y Nacho Vegas sacaba a relucir su faceta prologuísta-de-Víctor-Lenore con una selección de temas dignos de Aute en el franquismo. Eso sí, consoló a su atolondrada audiencia (tanto drama no cuaja bien con el ambiente shore) con algunos de sus temas más conocidos y ¿coreables? Como «Dry Martini S.A».

¿Sidonie o Jack Knife? Odio decidir. Al final tiramos de lo bueno conocido y nos tragamos un nuevo directo de los catalanes (la cuarta vez que les veo en directo), que reprodujeron casi paso por paso su directo en el Santander Music Festival, con paseo a hombros de técnico-me-pagan-por-llevar-indies-en-la-chepa incluido. Las groupies se volvieron locas. Una de ellas, incluso, decidió subirse a los hombros de su acompañante en el mismo momento en que Marc se paseaba a hombros por el recinto, protagonizando un sentido beso en las alturas. Qué bonito. Snif. «Sierra y Canadá fue el disco protagonista del directo de Sidonie, quienes no abandonaron sus perlas más (esta vez, sin interrogantes) coreables: «El incendio», «Fascinado»

Después del tercer directo del día ya ni siquiera tuvimos que decidir en qué escenario quedarnos. Era el momento de Izal, el grupo que en agosto los medios bautizaban como “el Justin Bieber de las modernas” y que en abril congregaba a modernas, modernos, y todo tipo de público. Porque La mujer de verde es ya un himno y el «Qué bien» apenas pudimos escucharlo de tanta gente cantándolo al mismo tiempo. Mikel se echaba un par de bailecitos sobre el escenario mientras el público se volvía loquísimo y le pedía más. Un más que no llegó nunca, dado que los conciertos del SanSan Festival, eso sí, fueron escrupulosamente puntuales. Ni un minuto más ni un minuto menos de lo previsto. Y comenzando a la hora. Increíble.

Aún se escuchaba un poquito de Smile en el escenario secundario (la fea del baile del SanSan, al coincidir con Izal) cuando decidimos retirarnos. Rufus T. Firefly tendría que esperar a la siguiente ocasión.

El viernes (santo) lo comenzamos con Dorian, que (no se si os habéis enterado todavía, solo lo repiten unas 15 veces al día en Radio3) cumplen 10 años sobre los escenarios. Anécdota: Sansito apareciendo en el escenario con una tarta de cumpleaños para los Dorian y un vídeo con los compis del SanSan diciendo cosas bonitas de los catalanes. Después tocaban L.A. y fue aquel el único momento del Festival en el que los asistentes duplicaron su presencia en el escenario secundario (donde tocaban Mucho) en lugar de en el principal. Pero a mí, desde aquel Dcode Festival en el que se dejaron ver por primera vez, me flipan. Con León Benavente llegó LO MEJOR del SanSan Festival, en un directo potente, bien de sonido (cosa rara en el escenario principal) y con los colegas de Nacho Vegas dándolo todo desde el minuto 1, sin perder el tiempo con temas secundarios, yendo directos a lo que todos queríamos: «Estado provisional», «Todos contra todos»  y, por supuesto, «Ser Brigada», con la que abandonaron a cabezazo-contra-el-teclado limpio.

Yo perdí todas mis pocas energías (la playita cansa mucho, queridos) cuando los de Baeza se aposentaron en el escenario con todo su atrezzo vintage, y había tanta, tantísima gente, que a punto estuve de abandonarles por Bravo Fisher. Pero me hacía ilusión eso de verles por tercera vez en un escenario grande. Supersubmarina sonó a lata en aquel directo, pero a lata coreada por todos. Empezaron con «Samurái», siguieron con la canción que nunca cantan aunque se la pidan a voz en grito, Ana, y nos deleitaron con sus grandes temas, como «Supersubmarina», «De las dudas infinitas», «Arena y Sal»… como molan los chicos de Baeza. Molan tanto que, después de aquello, una tuvo que frustrarse por no poder ver a El Columpio Asesino, e irse a dormir. Viejoven me llaman a veces.

El sábado comenzó cuando Carlos Sadness subió al escenario principal ante una pequeña multitud de fieles a los que el sol parecía agradar más que molestar que bailaban al ritmo de sus canciones. Un repaso a sus mejores temas cargados de buen rollo y «La idea salvaje» abrió paso a la llegada de Elefantes, ese grupo que a nosotros nos gusta pero no para un festival (aunque en está ocasión sí estaban a una hora correcta). Para muchos, era el día más fuerte del festival y es que pese a un comienzo un poco relajado con la encadenación de Sadness, Scansetti y Elefantes la cosa empezaba a animarse a pasos agigantados.


Jero Romero y Ángel Stanich se seguían en el escenario secundario donde el ritmo se relajó de nuevo para dar paso a Anni B Sweet y remontó a lo grande con Arizona Baby. Mientras tanto en el escenario principal, llegaba el turno de La Habitación Roja que celebraban su aniversario por todo lo alto y vídeo de felicitación incluido. Un conciertazo en el que demostraron que siguen en plena forma y que dejó a Second un público calentito y listo para explotar, cualidades que los de Murcia supieron aprovechar con gran acierto, convirtiendo su concierto en uno de los mejores del festival.

Llegó el que probablemente sea el peor momento del festival, Lori Meyers DJ Set, donde no supieron ganarse al público, no hicieron una buena selección de temas, no interactuaron y por todo esto se convirtieron en una espera demasiado larga hasta el próximo concierto. Un show lamentable en el que parecía que se siguió la técnica de darle al play y bajar mucho las luces para que no se les viese.
Quizás lo peor de todo fue el final, un final de concierto en el que se fueron a mitad de su propia canción dejando el escenario vacío, aunque tampoco queremos hacer más hincapié en esto, todo el mundo tiene un mal día y cualquiera puede equivocarse.

Los que seguro que no perdonaron a Lori Meyers fueron Kakkmaddafakka, a quienes se les hizo totalmente imposible levantar a ese público apático y aburrido que Lori dejó. Ciertamente hemos visto a Kakkmaddafakka mucho más activos en otras ocasiones y ese no estar al 100% hizo que el publico no terminara de recuperarse y algunos empezasen ya se éxodo particular hasta el camping perdiéndose esa versión de Paradiso que ayudó a digerirlos y sin esperar a ver a unos Varry Brava que se comieron el festival con los temas de su nuevo disco, que pese a que muchos no conocían acabó calando pronto.

Llegaba el domingo, día de regreso para gran parte de un festival en cuyo recinto notamos un descenso de un tercio aproximadamente. No solo por la ausencia de festivo en gran parte de España, también por la selección de cartel, quizás demasiado monotemático.

El día empezó a sonar a Kiko Veneno, cosa que nos dolió seriamente, eran las seis de la tarde y estábamos haciendo la digestión aun, no era hora para Kiko, llamadme tradicional pero la rumba entra mejor a las 9 de la noche con una cervecita en la mano.

El día pasó rápido, teníamos que hacer las maletas y dejarlo todo preparado para salir al día siguiente así que las vueltas rápidas por el festival se siguieron entre sí sin llegar a asentarnos en ningún concierto hasta el momento de Corizonas. Solo destacar de este periodo que al fin vimos a Mi Capitán, todo muy correcto y acojona un poco ver a ese Ricky Falkner apaleando la batería pero mola. No nos terminan de convencer del todo en su sonido, todo muy correcto pero aún quizás faltos de esa personalidad y sonido propio que se coge con el rodaje como grupo.

Nosotros nos despedimos del Sansan con Corizonas, otro de los mejores conciertos del festival pese a la ausencia de su trompeta en los altavoces. El repertorio al que nos tienen acostumbrados, que todos esperábamos y del que nunca nos aburrimos y es que por algo fue el concierto con más publico del último día del festival.

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