Maryland se despiden a lo grande de Los años Muertos

El viernes estuve en una gran fiesta. La madrileña Moby Dick se inundó de amigos, músicos y gente dispuesta a disfrutar de dos buenos conciertos. Un encuentro de dos bandas que actualmente cantan en castellano y que comparten el tener personalidad propia y dejarse la piel en el escenario como si fuera la última vez.

Nocturnos & Maryland.
Por un lado, los alcalaínos fueron caldeando la sala y transformando el lugar en una verbena. Este grupo tiene una evidente base de los años sesenta en la que ponen su sello de identidad mediante un sonido rock con melodía pop. Las pequeñas esperanzas han ido madurando y creciendo gracias a las numerosas salas y actuaciones en las que el grupo ha estado presente. David el vocalista tiene un
desmesurado talento no sólo para cantar, sino para inyectar al público divertidas y buenas dosis de ocurrencias. Con ellos, nos llevamos en el bolsillo melodías contagiosas, contundentes y con fuerza que esperamos sigan aterrizando en escenarios y llegando bien alto, cual Astronautas.
Tres meses han pasado desde que los vigueses vistaran Madrid teloneando a Niños Mutantes en la sala Penélope. Esta vez los protagonistas han sido ellos en un esperado concierto fin de gira. Desde que Los años muertos viera la luz un 15 de noviembre de 2013, no ha parado de darles muchas perspectivas, numerosos bolos; han recorrido la península de norte a sur y de este a oeste y lo más importante es que han disfrutado como enanos.
Con Red boots y Just try! de sus anteriores trabajos, los instrumentos comenzaron a bullir. La energía arrolladora que llevan siempre consigo atrapó los esqueletos que brincaban con la banda frenéticamente. Después, todo el repertorio de Los años muertos desde cambio de filo, pasando por

una hoja de ruta que nos llevó hasta viaje a Tasmania guiados por el quinto dedo, tuvimos momentos de reinado donde subimos al cielo en ascensor. Camino la cual tuvo una dedicatoria muy especial, envolvió el ambiente de ternura y romanticismo en un increíble acústico. Revolution y What to do fueron una declaración de intenciones que fueron despidiendo a los gemelos Rubén y Pablo, Arturo, Iván y Álex (felicitación de cumpleaños incluida).

El confeti lo soltamos a ritmo de los años muertos y la caleta del sol que pusieron la guinda a la fiesta en una primera y final cita de los gallegos en la Moby Dick. Tienen identidad, fuerza, están consolidados en un difícil pero agradecido panorama musical nacional y construyen un futuro y nuevo disco con gran confianza en sus posibilidades. El viernes estuve en una gran fiesta, y ya tengo ganas de otra. Hasta pronto Maryland!
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