Crónica de una muerte muy cara (Primavera Sound 2015) – Parte 1

primavera sound

Miércoles:


Con más hambre que el perro de un ciego y el culo con la forma de los cómodos asientos del Talgo Murcia-Barcelona, llegué a la ciudad condal en plena resaca del 23-M. Carteles de la Colau poblaban aún la ciudad. Y tú dirás: «¿Y a mí qué? He pinchado aquí para saber qué tal fue el Primavera Sound 2015.» No te falta razón, por eso puedes cerrar ya si quieres. Esta es la crónica de alguien que fue al festival a no currar, porque los de la organización son algo parcos en dar acreditaciones y, ante fiascos de años pasados, este ya ni nos hemos molestado en preguntar. Eso no quiere decir que no se vaya a hablar de música. Parece impensable, con los millones de intromisiones que tienes en el reciento, pero vamos  a hablar de lo que importa aquí.

Nada más llegar tocaba pasarse por el recinto del Forum para acreditarse y ver a Las Ruinas, grupo cachondo, irreverente, buenrollero y padre del Evento falso, algo que ha llegado a desbancar en asistencias al propio festival.

primavera sound 2015

Christina Rosenvinge, que ya está más para hacer un buen caldo que un buen concierto, nos empujó a ir a inspeccionar el recinto a comprar alguna «Cerveza Beer» a precios que no sean similares a la tinta de impresora.

Volvimos para ver a Albert Hammond Jr., culpable del sonidazo inconfundible de Strokes y, esa tarde, de aburrirnos. El chaval tiene buenas ideas, pero tiene la vitalidad y el carisma de un botijo.

A mí me dio la bajona, que sumado al hambre que traía, me estaba matando. Un chaval con unos pantalones con estampado de perritos calientes y una gorra de Calgonit nos escuchó y se hizo el guay llevándonos a un Kebab en el que los dürum costaban 15€. La razón de tan escandaloso precio es que llevaba cristal en su «corasao» y salchipapas de acompañamiento. Una locura para todos los sentidos. Carne de dudoso origen, salsa de yogurt y droga de diseño. El tipo nos hizo andar unas manzanas. Cuando nos plantó en la puerta de un taller mecánico fue cuando pensé: «Vale, no ha empezado el festival y ya me van a robar. Si es que se nota demasiado que soy de Murcia

La cosa es que el hipster este dio varios toquecitos a la persiana y nos abrieron. Había una cola de 10 personas más o menos. Todas ellas con unos looks de lo más imposibles. Nos sentimos un poco privilegiados. A fin de cuentas, no todos los días acaba uno en un taller de coches pidiendo un kebab con lo más idiota, estilísticamente hablando, de Barcelona. En la ventana que normalmente separa la oficina del taller estaba un turco rellenando los dürums con lo típico, mientras que su compañero los terminaba espolvoreando sobre ellos el M como el que le da el último toque a las ensaimadas. Como detalle a destacar, te daban la opción de darle un brochazo con salsa de queso y gratinarlo en el horno. Yo había venido a jugar así que, a tope.

El Kebab tenía un 8,25. Tocaban OMD, pero no recuerdo nada más. Solo que un amigo nos dejó tirado por una madurita que le hablaba por Tinder. Eso y esta foto que encontré al día siguiente en mi móvil. Supongo que todo lo que sube, baja.

 

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Cargando…

3 comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.