Crónica de una muerte muy cara (Primavera Sound 2015) – Parte 2

Alt-J portada

Jueves:


Arrancaba oficialmente el Primavera Sound y tocaba madrugar para llegar a ver a los murcianos Perro. Su directo tenía como base ese trabajo que les ha hecho tocar en todos los escenarios habidos y por haber en 2014. Hablamos del «Tiene bacalao, tiene melodía». No se quedaron en eso, sino que presentaron material de lo que saldrá este año. Una serie de temazos que dejan claro que no son un One hit Wonder. Mostraron su desparpajo natural con el que «desapollardaron» a los valientes que se comieron el sestero para verles. No creo que muchos de los asistentes pensaran que no mereció la pena el plantarse allí para abrir.

De ahí pasamos a ver a Childhood, un grupo que ya está llamando bastante la atención como para dejar de decir que son una promesa. Uno de esos grupos de críos que deprimen a cualquier músico debido a su rango edad/calidad. Directo muy solvente y constatación del porte de Ben Romans-Hopcraft como frontman.

Después de eso pasamos a hacer la vuelta de reconocimiento del recinto. Hicimos un rápido repaso a los modelitos que se ponía la gresca para inaugurar el festival y tras descubrir qué estampados coparán los blogs en los meses venideros, escuchamos a Twerps. Tontipop con mayúsculas. Más de lo primero que de lo segundo, así que nos fuimos a las barras a ver qué tal estaban los precios. Me tuvieron que coger entre tres para que no me cayera al suelo.

Mi chica y yo entramos en un choque de intereses porque ella quería ver a Giant Sand y yo a Viet Cong, Gracias a mi flexibilidad y falta total de egoísmo terminamos viendo el concierto entero de las segundos. Un concierto intenso, vibrante y con cierta tensión. Una buena banda a la que se le notó el concierto del día anterior en Apolo. Esa parece ser la principal razón por la que dieron un concierto algo irregular. Todo parece apuntar al desgaste físico.

De ahí en adelante picoteamos un poco entre The Replacements y Ought. Dos de las mejores bandas que han pasado este año por el festival. Sonidos rotundos que hacían imposible el estar viéndoles sin menear un poco el cucu.

 The Replacement

Tanta intensidad nos hizo visitar a Mikal Cronin al escenario Ray Ban para aligerar un poco la digestión de esa tarde. El que suele ser bajista de Ty Segall presentó su proyecto en solitario. Algo más clásico y blandito de lo que suele hacer el californiano. No daba para paja.

Llegó el momento de Spiritualized. Un concierto elegante el de Jason Pierce. Uno de los casi fijos del Primavera. Un repaso bastante completito a una discografía tan abultada. Parecía que representaba a las fuerzas del bien en contra de lo que estaba por llegar más tarde en ese mismo escenario (ATP).

Tocaba comer para pillar a los cabeza de cartel. Contactamos otra vez con Lucio, que era el colega de la gorra de Calgonit y los kebabs mágicos. Sin él no había manera de entrar allí. Unos amigos se encargaron de ir a recogerlos mientras nosotros estabamos de concierteo. La verdad es que eran caros, pero su magia interior justificaba el precio, no como los 7,5 de los fideos wok que te daban en el recinto.

Cuando decías que ibas a ver a los Black Keys, la gente guay te miraba por encima del hombro, pero luego te los encontrabas dando codazos para llegar a las primeras filas. Vaya boquica de piñón que tienen algunos.

La cosa es que yo me convertiré en uno de esos «guays» la próxima vez que actúen en España los dos de Akron. Pasaré de ir seguramente, porque en vez de Ohio, parecía que venían de Akron, Ojete, porque el concierto estuvo mal a varios niveles. El sonido fue bastante malo, la interpretación fue baja de revoluciones y sosa como pocas. Dicen que debido a la lesión en el hombro de Patrick Carney, razón por la cual habían cancelado todos los conciertos de las semanas previas. Sinceramente, hubiera preferido una cancelación más y otro cabeza de cartel. Mención especial para el que se encargó de la realización en las pantallas. Un 10 en Windows Movie Maker.

Tras el concierto empezó uno de nuestros pasatiempos favoritos: hacer como que se te ha caído algo y pillar la pasta que se dejan los guiris por el suelo. En cuestión de minutos, todos habían pillado pasta gansa menos yo, que me encontré el DNI, la tarjeta de crédito y la tarjeta del festival (sin la cual no puedes entrar por mucha pulsera que lleves) de una tal Neus.

Neus, guapa, si estás leyendo esto escribe a recompensasporserundesastre@hipsteriancircus.es. Un beso.

La noche la cerramos pronto con Sunno))). Puedo escribir mil perrerías sobre esa gente y no me creríais. Eran los cuatro jinetes del apocalipsis, pero sin sus monturas. Cuatro mamarrachos (a mi modo de ver) con túnicas negras. Uno con la guitarra, otro con un sintetizador, un tercero gritando cada pequeño intervalo de tiempo y otro tirándole fuerte a una botella de vino. Acordes sostenidos durante minutos. Gente que parecía estar entrando en éxtasis. Otros tantos partiéndose el culo. Tenía muchísimas ganas de ver James Blake y su propuesta elegante, pero esta gente me puso tan triste que me fui de allí.

Patti Smith

Viernes:


El viernes, no voy a mentir, fuimos directamente a Patti. Me jodió durísimamente la marranada de la organización de poner a Jose González con una entrada extra de 2 euros, aunque ese detalle da igual. La mierda era tener que plantarse en el recinto a las 3 de la tarde para poder pillar una entrada. Para colmo, ayer salieron las primeras entradas para el año que viene 25€ más caras de lo normal. Huevos toreros.

Vamos a los importante. Patti Smith tocando el «Horses» enterito. ¿Qué decir? Nada. Nada más que recomendaros obligaros a verla la próxima vez que tengáis opción. Y punto.

Creo que he de comentar el truco que nos dieron para entrar con bebida al festival. Es sencillísimo. Te dejan entrar por no colapsar la entrada. El truco es echar lo que te vayas a plimplar esa tarde/noche y rellenar el resto de la mochila o bolso con bolas de colores de estas típicas de los parques infantiles. El guarda pasa de ponerse a vaciarlo y llenar todo de bolas. No te va a decir que eso está prohibido, porque son bolas de plasticucho que son incapaces de hacer daño a nadie. Pueden meter la mano intentando pillar algo, pero a no ser que lleves una botella de litro y medio de bebida, no creo que lleguen a dar con nada en el escaso tiempo que tienen para cachear. De nada, ¿eh?

Como el día antes yo tiré de Viet Cong, tuve que ceder ante la parienta y echar un rato con Damien Rice. El cantautor irlandés al que daban por perdido tras 7 años de silencio, sacó un disco el año pasado y ahora le toca defenderlo en directo. Digamos que se basta con una guitarra y un pedal para loopearse. La gran parte del público eran parejas formadas por chicas a punto de echar la lagrimilla y chicos que se miraban entre ellos con la sonrisa triunfadora del que sabe que esa noche va a follar.

Sleatter Kinney

De ahí nos fuimos a ver Sleater Kinney. Este trío (cuarteto en directo) es tremebundo. Uno de los mejores directos del festival de calle. Hicieron un repaso discográfico a la vez que presentaban el «No cities to love». Disco que está entre lo mejor del año. Su directo también. MILFS.

De ahí nos fuimos a ver  a Ariel Pink y su propuesta excesiva como pocas otas. El concierto no creo que pudiera empezar peor. Iba demasiado pasado, sumado a que el público no sabía si lo que estaba viendo era una prueba de sonido o el concierto en sí. La gente fue huyendo poco a poco. Nosotros aguantamos bastante, aunque el sonido de fondo de Run the Jewels se estaba comiendo con patatas a medio recinto. Nos pusimos golfos y nos pusimos a mover el esqueleto con ellos hasta que empezaron Death from above 1979. Los canadienses empezaron a fuego y la gente se vino arriba con ellos. Hay que admitir que estos dos pintas hacen más ruido que una banda de ocho,  pero su propuesta se hace algo repetitiva cuando llevas unos 6 o 7 temas.

El cierre de la noche no pudo ser mejor. Alt-J y Ratatat pusieron elegancia a las últimas horas de la segunda jornada. Los primeros se la sacaron en medio del escenario Heineken. Sin duda, el escenario con mejor sonido. El aspecto visual complementó perfectamente el show de los ingleses, que con solo dos discos tienen un alto número de temas coreables. A los segundos no hay quien los coree, pero poca falta les hace. Los que asistieron estaban embobados con lo que se traginaban los dos de New York en directo. Canela en rama.

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