Los memes: entre lo incisivo y lo mordaz

Internet, ese maravilloso entorno donde, una vez superada la brecha digital, todo hijo de vecino tiene derecho a expresarse y, por supuesto, a opinar. Para bien y para mal. Con razón y sin fundamento. Sin mala intención y con mala idea. Con estilo y  valiéndose de lo soez. Bien informados y a partir de rumore, rumore, rumore. El poder de las redes sociales es tal que, efectivamente, hoy en día, con sólo tener acceso a la red, ya sea desde un dispositivo móvil, tableta u ordenador, cualquiera puede llegar a crear una revolución social (o si no, que se lo digan a los del 15M). Pero ¡ojo!, ello también da pie a grandes avalanchas de meme(ce)s que inundan nuestras pantallas a velocidades estratosféricas sin que, a veces, nosotros les demos permiso para que invadan nuestro espacio social personal. Y es que, en palabras de Umberto Eco: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas«. Está claro que la difuminación de la brecha que, afortunadamente, dio lugar a la democracia digital, ha dado también pie a que  cualquiera con un par de recursos pueda inundar la red con chistes, gifs y demás muestras de mofa.

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Al más puro (y denunciable) estilo bullying, cualquiera puede ser objeto de burla en la red. Si el afectado se trata de tu primo, de tu vecino o de ti, las reacciones para frenar tal despropósito, con suerte, no tardarán en darse y el causante de tal escarnio será identificado y, eventualmente, castigado. Sin embargo, cuando hablamos de mofas hacia actores o celebrities, eso ya es harina de otro costal. La red es de todos y de nadie a la vez, por lo que un simple RT puede hacer que un comentario en principio de dimensiones insignificantes en la vida “real” aunque con un claro impacto para la persona-objetivo se convierta en viral en menos de lo que se tarda en estornudar y apoyado no solo por el creador del  escarnio original sino por todo aquel que lo “gustea” o retuitea. Es así también cómo actores que en su momento, ya sea por su trabajo, ya sea por ser pareja de y que por tanto, fueron relevantes en las redes sociales para luego pasar a mantener un perfil medio o bajo, resurgen un buen día de sus cenizas y se convierten inesperadamente en tendencia en las redes sociales por… ¿su trabajo? ¿su obra social? ¿su última película? No: su aspecto físico.

Entre los casos más recientes destacamos el de Wentworth Miller a raíz de su descubrimiento de un meme suyo incidiendo en su evidente cambio físico, dejando atrás la imagen del musculado Michael Scofield de Prison Break para dar paso a una imagen que, quién sabe, puede que te recuerde a la de tu primo, tu vecino, tu mejor amigo, o tú mismo, puestos a suponer. En este caso, la reacción fue una lección de moral: un cambio físico, a peor o a mejor (partiendo de la base de que los cánones físicos no los dictaminamos ni tú ni yo sino la industria de la publicidad), no siempre es voluntario. Al contrario, puede ser la respuesta física a algo mucho más profundo y, en definitiva, mucho más relevante que un cambio de talla: un problema mental. Llámalo depresión, llámalo trastorno bipolar, llámalo ansiedad, llámalo x. Cierto es que, como Wentworth Miller explica, a pesar de que la mofa está ahí, es uno mismo el que decide cómo tomársela. Algunas palabras sólo duelen si te importa quién te las dice, pero indudablemente, realizar comparaciones, aunque sea con tu propio yo es más común de lo que creemos y muchas veces no nos damos cuenta de que lo que inicialmente es puro divertimento puede hacer mucho daño.

Claramente, el de Miller no es un caso aislado. Pero, aunque muchas son las veces en que las burlas sientan como una patada en el estómago, otras personas que han sido diana de escarnios en la red, lejos de tomárselo a la brava, o han respondido con gracia y salero o no han reaccionado abiertamente a lo que podría, en cierto modo, haber resultado hiriente incluso. Porque todo depende de según cómo se mire, o si no, que se lo pregunten a Jarabe de Palo. Cómo no, nos viene a la mente a Leonardo DiCaprio y su aparición estelar en el videojuego Leo’s Red Carpet Rampage, un meme convertido en videojuego en que vemos a DiCaprio en una carrera a muerte tan tonta como divertida a por el Oscar que tanto se le resistía tras cuatro nominaciones. No fue este el único meme sobre el tema, aunque sí uno de los más elaborados. Tal fue la repercusión de las nominaciones de DiCaprio que se quedaron en eso, en nominaciones, que la red “lamentaba” jocosamente también el fin de los memes de DiCaprio en su lucha por el Oscar, que no otros. Que no nos gusta un meme ni nada.

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Ni la mitad de bien parado ha salido sad Ben Affleck con la oleada de memes surgida a raíz del lanzamiento de su última película, Batman vs Superman, de calidad discutible según los expertos (y no tan expertos). Admitámoslo, ver este vídeo puede causar más de una y de dos risillas y hacer emerger el duendecillo cruel que habita en nuestro interior.

Pero analicemos este caso, que no es banal. ¿Nos encontramos ante un peliculón? Parece ser que no. ¿Se encuentra Ben Affleck a la cabeza de la lista de “los mejores actores del mundo” que se te pasan por la cabeza así, a bote pronto? Probablemente no.  Es más, su carrera, cuanto menos irregular, le ha hecho merecedor de tres Golden Raspberry Awards por la dudosa calidad interpretativa de la que hace muestra en Gigli, Daredevil y Paycheck, cosa que no le ha ocurrido, por el momento, a DiCaprio. Y volviendo al caso de Wentworth Miller, ¿se meten estos memes con el aspecto físico de Ben Affleck? Tampoco. Esto no salva que el efecto que puedan producir en Ben Affleck sea, no obstante, el desencadenante de una crisis personal en el actor, aunque como todo personaje público, es el precio que tiene que pagar por ser quien es: una celebridad con baches en su carrera, como tu primo, tu vecino, yo y quién sabe si alguna vez tú. Que los memes le hacen popular en la red, está claro. Que le proporcionen papeles dignos de Oscar, está por ver.

El que sí parece ser feliz, pase lo que pase, meme(z) tras meme(z), es nuestro presidente en funciones Mariano Rajoy, quien confirmó en Salvados que ve los memes que lo ridiculizan.

Pero, ¿y qué? Quien tiene boca se equivoca y, según Rajoy, los creadores de memes no tienen otra cosa que hacer que “estar esperando a la equivocación para atizar”. Será eso. Será. Pero es también lo que se conoce popularmente como un gaje del oficio. ¿No quieres ser memeízado? No estés en el ojo público. Y si lo estás, procura no dar pie a. Difícil, pero no imposible. Las mofas acerca del físico o discapacidades físicas o mentales, no obstante, es algo que, por el momento no tiene solución pues no hay manera de controlar el sentido común de los creadores de memes. Ahora bien, si eres de los que se ríen y hacen reír sin ánimo de causar malestar, no sufras: la ley mordaza promovida por el Gobierno de Rajoy todavía te permite la diversión en la red. Y que viva.

Artículo de Mar Suárez para Hipsterian Circus.

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