Millennials o cómo son los (eternos) jóvenes que salieron de la Generación X

Recuerdo cuando estudiaba historia en el colegio y me contaban que desde la Revolución Francesa en 1789 habíamos cambiado la Edad Moderna por la Edad Contemporánea, que teóricamente era la que vivíamos a día de hoy. Aunque también había quienes, sin tener mucha voz, hablaban de la actual “Edad Tecnológica” o cosas así, pero nada oficial.

La verdad es que no es fácil encontrar muchas similitudes entre la sociedad de Napoleón y la del Pequeño Nicolás, o entre Schopenhauer y… ¿Punset?

¿Estaremos ante un cambio un poco más allá de un simple salto generacional? Desde luego, es (muy pero que muy) pronto para saberlo, pero siempre se puede divagar.

Últimamente parece que está de moda hablar de los Millennials, de sus gustos, de sus características, de los años que abarcan (a veces parecemos un poco esos “animales fantásticos y dónde encontrarlos” de J.K. Rowling).

¿Tú también sigues sin saber muy bien qué es un millennial? Eso espero, porque yo tampoco lo tenía claro y después de investigar un poco… bueno, pues sigue sin quedarme muy claro el asunto.

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Más o menos en consenso, se entiende a esta nueva generación como aquellos que nacieron (nacimos, aunque hablaré como si la cosa no fuera conmigo) entre los ochenta y finales de los noventa, hijos de la Generación X y nietos de Babyboomers. Han sido tachados de arrogantes, egoístas, malcriados, tontos, vagos y mimados, como poco. En 2010, la revista TIME escribió un artículo sobre ellos, “The me me me generation”. En él dice “son la generación más amenazante y emocionante desde que los Babyboomers de la posguerra provocaran la revolución social, no porque estén intentando tomar el relevo del actual Establishment, sino porque están creciendo sin uno”.

Lo cierto es que la Generación X, su predecesora, los critica sin parar. Irónico en cierto modo, ya que son ellos los que los han criado y educado haciéndolos creer en cuentos de hadas que incluso ellos se creían al contarlos, y que poco tenían que ver con la realidad.

Si hay algo que une a los millennials es haber vivido con un ordenador debajo del brazo, un smartphone en la mano y una conexión Wi-Fi en el bolsillo de los vaqueros.

Pero no sólo los contenidos audiovisuales los unen, como Dragon Ball, Pokemon, Jurassic Park, Harry Potter, Los Backstreet Boys o Britney Spears. Lo que los hace únicos en su especie es que los une la forma más que el contenido. Son a la vez los hijos de la tecnología y los que la van creando a cada paso que dan. Nacieron con un PC, luego les vino el Wi-Fi, y ahora no paran de crear nuevas aplicaciones móviles, nuevos modos de consumir, nuevas formas de crear el propio contenido, nuevos lenguajes que sus abuelos ni entienden ni quieren entender.

La música no se queda fuera de todo el compendio de esta nueva generación que cambia sus normas cada año (¿Normas? Tampoco les gusta mucho eso). La nueva explosión del indie toma el relevo de lo que fue la locura del rock and roll. Las nuevas “estrellas del rock” ahora son veganas, concienciadas con el medio ambiente y activistas por la igualdad de género y de raza (claro ejemplo son los miembros de Rage Against the Machine, vegetarianos estrictos y casi todos ellos abstemios y antidrogas). Pese a que la musica indie nació en los años 20 frente a las grandes majors discográficas, es cierto que esta idea va más allá de la simple producción de un disco y tiene que ver más con un tipo de contracultura y enfrentamiento contra las multinacionales. Hace poco ha vuelto a resurgir este indie y por un tiempo fue (más o menos) así, sólo que en los últimos años los grupos Indies se han pasado a Sony, Warner o Universal, porque claro, tienen mejores vistas a futuro.

Y así son, van por libre, crean modas en contra de las modas, rompen las reglas casi sin darse ni cuenta. Son los hijos de la decepción; han crecido escuchando sus mil futuros prometedores pero cuando ha llegado la hora de la verdad, se asoman a un precipicio tan oscuro como incierto. Así que con tanta incertidumbre, ¿Cómo no iban a escudarse en la cultura de los selfies y el hedonismo? Podríamos pensar que es su forma personal de revolución.

Quieren un cambio social, o más bien, saben seguro que no les gusta lo que hay, no les gusta la autoridad ni esas élites que dirigen el mundo y que los han llevado en un vuelo sin escalas hacia la frustración y la precariedad laboral (y espiritual). Por eso prefieren vivir al margen, porque están hartos de que les hayan vendido la felicidad en mil marcas distintas y aún no la hayan conseguido. No les gusta todo eso, pero tampoco parecen querer dar ese último paso por cambiar el sistema. No lo cambian del todo, pero lo aborrecen.

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Todos esos estudios que tanto hablan de los millennials dicen que han cambiado tomar café con los amigos por chatear por Whatsapps y comunicarse con Gifs, que en la era de la comunicación están cada vez más incomunicados, y bla, bla, bla. No digo que no sea verdad, pero criminalizarlos por usar las herramientas que les han vendido sus mayores no es del todo justo, y además, las conversaciones por las Redes Sociales no implican necesariamente que éstas sean más banales que estar en una cafetería cotilleando sobre los de la mesa de al lado.

Así que incomunicación, la justa. Otra cosa es que las otras generaciones no acaben de entenderla.

Lo que está claro es que están inundados de herramientas nuevas, aplicaciones recién nacidas, lenguajes que se están gestando, técnicas de marketing que no tienen nada que ver con las de los publicistas de los años 60, y un sin fin de cosas que quizás los Babyboomers no conciban en su realidad. Es lo que tiene que generaciones distintas convivan en las mismas calles, que a veces es dificil entenderse. Pero no son malos por ello, no son malos por haber nacido en una década concreta y por estar viviendo en una época llena de guerras que no llegan a ser guerras, pero que también les crean desasosiego pese a que los que vivieron las grandes guerras de la historia reciente los menosprecien diciendo que “no saben lo que es sufrir”.

Guerras que no llegan a ser guerras y, por ende, revoluciones que no llegan a ser revoluciones, así son los nuevos jóvenes. Adultos que no llegan a ser adultos, y sueños que no llegan a ser realidad, porque no saben qué será de ellos mañana, por eso se centran en vivir todo lo que puedan hoy.

¿Están cambiando estructuras y sistemas? Sí, puede ser, pero no parecen decidirse del todo por dar el último golpe en la mesa. ¿Tendremos que esperar a que la generación post-millennial nos salve? También puede ser, pero mientras tanto, no estaría mal ir haciendo algo.

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