Una digna y satisfactoria primera edición de Mallorca Live Festival

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Foto: Bárbara Araque

El pasado fin de semana se celebró en el recinto de Son Fusteret (Palma) el Mallorca Live Festival, una propuesta musical nueva en Baleares que ha nacido con la intención de ser un evento referente en las islas, para expandirse a nivel nacional y con apetito de seguir creciendo. Su cartel empezó a levantar el interés de todo el mundo al tener artistas de considerable tamaño, con tres escenarios distintos (uno para cada estilo) y talentos locales, nacionales e internacionales.

Llegó el día y entré en el recinto, acompañado por mi inseparable fotógrafa, bajo un hermoso cielo de atardecer y con la garganta un poco seca, por lo que lo nos decidimos a preguntar si se podría volver a salir una vez cruzado el arco de bienvenida. Un segurata con cara de pocos amigos nos advirtió que eso era imposible, ni pagando un extra, ni con pulsera ni nada, aquí no sale fuera a echarse los cubatas ni el Peter. Así que, con algo de resignación, reciclamos un poco la saliva que nos quedaba y entramos a ver que se cocía en el escenario 2: World Music. Había empezado el primer concierto de la tarde, unos alegres Niño Alcalino & The Chusckers con ritmos funky y letras de alto contenido político, un estilo que suele cuajar bastante bien entre los asistentes mallorquines de mediana edad y que pasa bien entre tragos de cerveza. Y mencionando la bebida… nuestras bocas ya parecían dos suelas de zapatilla por lo que decidimos ir a ver los precios de las copas en las taquillas de tokens. Aunque se han visto cosas peores, no era el festival más barato del mundo y aun más teniendo en cuenta la imposibilidad de salir fuera a tomar un refrigerio más económico. Nos resignamos y aceptamos las fichitas de cartón, a precio de oro cada una, para terminar tomando copas muy poco cargadas y con dos hielazos acaparando el volumen. Pero aquí venimos a hablar de música y no de alcohol ¿verdad? Así que pasamos de nuevo al escenario 2, cuando los alcalinos finalizaron y una multitud de chicos y chicas con tambores y percusiones procedentes del colectivo Pachamamma Percussió se acercaron al público para ofrecer un divertido espectáculo de cánticos y batucada, que animó a todo el que se acercaba y dio un punto fresco y original al concepto del festival de música.

Después del intermedio salió a escenario un grupo muy reconocido para todos aquellos que hemos crecido y sobrevivido a las fiestas de pueblo mallorquinas en verano: La Vereda. Una banda conocida por sus versiones, por animar verbenas y por fomentar el despelote, no me motivaron absolutamente nada y descolocaron un poco mi sentido festivalero. Sin más, decidí ver qué estaba sucediendo en el escenario 1: Indie Rock en el que tocaban Henteligens, una banda veterana de indie procedente de Muro que sonaba un poco cansada, pero aun así con cierto conservadurismo emotivo del que ya no queda. Los siguientes fueron Satellites que fueron algo así como Antonia Font sacudidos fuertemente en una batidora junto a Wolfmother. Sonaron a buen rock, con dosis de experimentación y verdadero sonido eléctrico y mucho ritmo, su batería era espectacular y me pareció reconocerle de su otro proyecto The Last Dandies, aunque muy mejorado y verdaderamente más potente.

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Foto: Bárbara Araque

Después de este calentamiento empezaron los esperados Cápsula, con quienes repetí espectáculo por segunda vez y no defraudaron nada. Rock and roll del bueno y verdadero, con enérgicas guitarras y un bajo ensordecedor. Hay que aplaudir también la calidad del sonido de los escenarios porque la acústica fue notable, aunque hubo algunos problemas, tanto con Satellites que se quedaron sin amplificadores durante un rato, como con Cápsula, que dejaron de funcionar en momentos puntuales y que, a parte, en los momentos de silencio se escuchaba del escenario 1 cierto ritmo rumbero invadiendo nuestro espacio sonoro. Para la próxima edición estaría bien tomar nota y alejar  un poco los escenarios, porque en el recinto sobró mucho espacio.

Volviendo al directo de los argentinos, estuvieron en nuestro festival presentando su nuevo trabajo «Santa Rosa» (2016). Martin Guevarra estuvo espectacular a la guitarra y como siempre extrovertido con su público, con mucho feedback e incluso preguntándonos qué canción queríamos escuchar. Yo le grité que ante la duda tocase una de David Bowie ya que le rindieron homenaje reinterpretando «Ziggy Stardust» (2012); a lo que me contestó que ya era hora de que alguien lo mencionase y cerraron su concierto con dos temas suyos: ‘Moonage Daydream’ y ‘Suffragette City’. Acabó el concierto con Martin dando vueltas en medio del público y su guitarra en nuestras manos mientras todos, enloquecidos, sacudimos las cuerdas con torpeza e histeria.

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Foto: Bárbara Araque

Aunque me habría gustado mucho quedarme a ver a los siempre excelentes Delorean, decidí que ya les había visto suficientes veces y que esa noche lo que de verdad me apetecía era experimentar un poco con el cartel, así que volví al segundo escenario para encontrarme con un concierto abarrotado de gente. Era el momento de Zatu y Acción Sánchez, más conocidos como SFDK.

Aunque no soy un entendido del Rap ni tampoco un gran admirador del grupo, simplemente dejaré como dato que me lo pasé bomba. Los raperos animaron el cotarro, improvisaron unas líneas e reconocí algunos de sus temas más emblemáticos porque fueron algunas joyas de mi educación secundaria: ‘El niño Güey’, coreada paradójicamente por todos los canis de clase, ‘Chúpala’, el himno de los más pasotas y malhablados, y cómo no, su famosísima ‘Orgullo Banderillero’, tema principal de la popular webserie canaria «Malviviendo».

Nos despedimos de esta primera jornada con unos últimos bailes en el escenario 3 de electrónica dónde estaba Meneo, el DJ madrileño de techno tropical, para acabar con una sensación satisfactoria de haber vivido muchas cosas, distintas y variadas, todo ello cambiando simplemente de un escenario a otro.

El segundo día aprendimos del error y no nos quedó otra que entrar un poquito más tarde, ya sabéis, para refrescar los labios. Llegamos cuando Mendetz terminaba su espectáculo de pop electrónico, pero decidimos hacer una pequeña excursión en el escenario 1 para ver qué pasaba con Bebe. Y fue una total perdición, aguantamos dos canciones y al parecer tampoco fuimos los únicos en aborrecer su directo, ya que la gente de las últimas filas empezó a retirarse para trasladarse al escenario 2 dónde empezaba Fuel Fandango.

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Foto: Bárbara Araque

Había altas expectativas con el directo de este curioso dueto, pero la verdad es que superaron bastante lo esperado. Del castellano al inglés y del flamenco tradicional al rock pasando por la electrónica más rompedora, esta fusión de estilos resultó ser caviar para un público que estaba dispuesto a desfasar bailando, cantando, sacudiendo la cabeza y sometiéndose al magnífico ambiente de luces y sonidos que se sentía en el escenario Indie Rock en aquel momento. Tras una intensa ovación llegó el turno a los cabezas de cartel del festival: Skye & Ross de Morcheeba.

La banda se dio a conocer en 1996 gracias a su primer disco «Who Can You Trust?» y ya cuentan con 8 largos de estudio. En su directo presentaron un nuevo proyecto de reunión en el que prescindieron del habitual Paul Godfrey, hermano de Ross, pero en el que sigue la cantante Sky Edwards dando su toque personal de R&B gracias a su peculiar e hipnótica voz. El concierto en general, sonó de primera y durante una hora y media el público vivió un directazo de puro trip hop, con largos momentos instrumentales para disfrutar del ritmo y el perfecto tempo, buenos tintes de soul y toda la diversión de la electrónica y el rock. Morcheeba resultaron ser una banda noventera de las clásicas que comparte mucho con Portishead o Massive Attack, pero con su propio estilo más inspirado por la música negra y la electrónica contemporánea.

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Foto: Bárbara Araque

Decidimos ir a la carpa electrónica a ver si nos esperaba algo interesante para bailar hasta el cierre y descubrimos allí a Nic Fanciulli, uno de los mayores exponentes de la música de club de Gran Bretaña, que consiguió aglomerar muchísima gente que quería finalizar la noche entre meneos de cadera y sudores, pero que no resultó ser para nada lo mío, por lo que aun no queriendo, chapé pronto y dije adiós al Mallorca Live Festival, esperando impaciente que llegue una nueva edición y deseando que este festival se haga a conocer, aunque sea, a nivel nacional para que nuestros queridos y amados amigos de la península nos visiten y canten eternamente canciones acompañados de un laúd, de lo mucho que molamos en la isla de encanta.

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