El Cruïlla se confirma como ‘EL’ festival barcelonés del verano

Barcelona es una ciudad que, si de algo va bien servida en verano, es de festivales. Julio es el mes de, entre otros, el Cruïlla, un festival que se celebra en el mismo espacio que el Primavera Sound pero que, a diferencia de este, no conoce ni las aglomeraciones (aforo máximo de 25000 que no se llegó a cubrir) ni los baños sucios. Ale, ya lo he dicho. Oh, y esa hierba donde estirarse en los montículos teletubbie desde donde escuchar los conciertos sin agobios mientras te montas un picnic con los amigos no tiene precio tampoco. Además, sin duda, el Cruïlla es de esos festivales para el que no dudaría ni un momento en comprar abono para la siguiente edición aun sin saber quiénes van a ser los cabezas de cartel. Aunque su oferta es mucho menor que la del Primavera aun celebrándose en el mismo recinto, el precio de salida ya es casi que la mitad y siempre, siempre, siempre tienen esos dos o tres imperdibles que hacen que valga la pena comprar el abono a ciegas.

Dicho esto, el Cruïlla de este año venía cargadito de joyitas musicales, como era de esperar, además de una oferta considerable para todos los miembros de la familia con las actividades del domingo por la tarde, así como la música amable de las primeras horas de la tarde/noche. Porque, si algo también tiene el Cruïlla, es que los más pequeños de la casa son totalmente bien recibidos y no “cantan” en absoluto, en un ambiente en que es raro encontrarte individuos pasados de vueltas como en el Sónar o modernos aspirantes a instagrammers extracool que, más que ir a escuchar música, van al festival a posturear a tiempo completo, como los que te puedes encontrar (y sufrir) perfectamente en el Primavera Sound. Por supuesto, estoy sobregeneralizando y radicalizando los términos. Otra característica distintiva es también que el público es mayoritariamente local, respetuoso y que se mueve por descubrir grupos nuevos, no necesariamente disfrutando de conciertos completos sino saboreando un poquito de aquí y un poquito de allá, dado que los escenarios están relativamente cerca y aun llegar empezado el concierto, se puede llegar a una distancia razonable del escenario dado el flujo  – y buena disposición – de los asistentes. Finalmente, destaco también la oferta culinaria con food trucks variados (algunos quizás demasiado cerca de los baños – todos muy limpios, no ocultemos nada), y que tampoco conocen el concepto aglomeración.

Empezaba la aventura Cruïlla de esta edición, con tapones en los oídos como uniforme del que me desprendería pronto, con un horario sujeto a cambios de última hora (como los trenes de Renfe, vaya) puesto que había solapamientos de estos que duelen en el alma que decidí solucionar sobre la marcha, escuchando lo que me pedía el cuerpo en cada momento. Así pues, si bien la intención primera era hacer una combo Damien Rice + Bunbury + Vetusta Morla, terminé cambiando Bunbury por Ramon Mirabet. Ah, lo que hace el verano y la publicidad estacional de Estrella Damm cuando no se tiene personalidad.

Damien Rice - Cruïlla 2016

Damien Rice, ya viejo conocido en directo por aquí la que escribe, se mostró especialmente simpático desde el primer momento, aunque a medida que avanzaba su actuación y, con ella, la creación y desarrollo de su propio universo sonoro, se fue abstrayendo en su propio mundo, aislándose del público que, anonadado, observaba cómo un solo hombre es capaz de crear una banda entera valiéndose de un looper, una guitarra y algún elemento percutivo ocasional. El padre musical de Ed Sheeran, que no tiene más seguidores adolescentes porque su estrategia comercial es distinta de la del pelirrojo amigo de Swift pero no porque no los hubiera entre el público, arrancaba el concierto con la contextualización del tema de salida basándola en la revolución hormonal de cualquier adolescente y que justificaría la temática de muchas de sus composiciones. Pero no nos equivoquemos, Damien Rice es un tío sensible; tiene esa delicadeza que te derrite. De hecho, entre el público se oyó decir «yo he venido aquí a llorar con Rice«. Sin embargo, quién sabe si por la luz diurna, quién sabe si por el calor, esa sensibilidad que mostró en el PS 2015 no fue tan evidente esta vez. A eso se le tiene que sumar que, no solo en el caso de Rice, sino también en el de todos los que tocaron en el escenario principal, la calidad sonora era fantástica cerca del escenario así como en el medio de la explanada, pero se diluía enormemente más allá de la torre de sonido, pasando a convertirse en algo así como un sonido de ambiente con letra cantada de fácil comprensión pero con poco subidón. No obstante, el público pudo disfrutar de las idas de olla con las que Damien Rice a veces (se) sorprende, en que el volumen sube y sube y sube hasta las nubes y los pelos de los brazos y las piernas (si es que te va el rollo hippie) se te ponen como escarpias.

Ramon Mirabet - Cruïlla 2016

Ramon Mirabet se confirma no solo como un artista revelación de voz rasgada por un gran apoyo comercial sino también porque, acompañado de su orquesta, y aunque muy a pesar de él, a solo 5 minutos del inicio de su actuación fuéramos cuatro gatos contados, logró llenar el espacio asignado al RNE hasta la bandera. Ramon Mirabet, cantante catalán que canta en inglés, amenizó la velada con un seguido de covers y mucho, pero que mucho groove y con una gran presencia en el escenario. Que la guapura es subjetiva está claro, pero que Mirabet podría ser perfectamente de aquellos artistas que volvían locas a las nenas en los setenta, también. Además de la reivindicación al uso contraria al 21% de IVA, Mirabet se mostró agradecido de la presencia de tanto y tanto personal que bailó a gusto al ritmo de las canciones de los dos CDs que ha publicado y de los varios solos de trombón y piano. Ciertamente, el popurrí de géneros musicales que contenía su set list hizo que su actuación resultara corta. Mirabet le agradeció al Festival Cruïlla que diera la oportunidad de darse a conocer a tantas y tantas bandas pequeñas – incluida la suya – y que, quién sabe, algún día quizás se hagan grandes.

Vetusta Morla - Cruïlla 2016

Y tras Mirabet, y con la espinita de no haber visto a Bunbury, que dicen que estuvo que se salía, me fui rauda y veloz al StubHub a guardar primeras filas para ver a Vetusta Morla y fliparlo mucho con «Pucho», el cantante con el que tengo que bailar antes de morir. Que sí, que me repito, pero es que es una asignatura pendiente. Y qué lección de profesionalidad que vivimos todos en vivo y en directo con no solo un volumen diluido (que provocó las quejas de los asistentes y la reivindicación también de Pucho) sino los constantes fallos en el micrófono del de marras. Pero si eres profesional como la copa de un pino, como lo es Pucho, eso no te frena para deshacerte del engorro, seguir dándolo todo mientras los técnicos se matan para arreglar el desaguisado e incluso hacer que el público consiga ponerse en tu piel y haga los mismos gestos, las mismas poses, los mismos movimientos, la misma interpretación que tú mientras se encarga de salvar la situación cantando público y Pucho a viva voz. Grande, Pucho, muy grande. Y grandes todos los componentes de Vetusta que, de cara a la galería, mantuvieron la compostura y las ganas de transmitir aunque vete a saber qué les estaba pasando por la cabeza. Porque si algo hace Vetusta Morla es transmitir, aunque ‘Copenhague’ te quede un poco histriónica por unos graves rarunos que no sabemos de dónde salieron. Una pena que, por culpa de «causas ajenas a la empresa», el concierto de Vetusta Morla en esta edición no dejara los espíritus tan elevados como el de la edición del 2014, que el propio Pucho recordó como uno de los grandes hitos de la historia de Vetusta y que logró que el público vibrara y bailara más que en su concierto del año pasado en la playa del Fórum. Ay, la arena, que para tumbarse, de lujo, pero para bailar, va a ser que no.

Xoel López - Cruïlla 2016El sábado, habiendo dormido poco, el césped de la montaña teletubbie invitaba a picniquear y sobar un rato, pero como el deber es el deber, la menda se plantaba de nuevo en el Fórum a eso de las 18:30 para ver a Xoel López. Ante un público al principio escaso, pero danzarín total, Xoel López estrenaba la tarde del Time Out atacando temas de lo más reciente tales como ‘Almas del Norte‘, ‘Caballero‘ y ‘Yo Solo Quería Que Me Llevaras a Bailar‘ con gran ritmo, movimiento de caderas y algún que otro efecto que llegaba con retraso desde la mesa de sonido. ¿Efectos incipientes de insolación del técnico?

Con la idea de ver a Alabama Shakes desde primera fila, antes de que terminara Xoel López, y aunque quizás no hubiera hecho falta marcharse antes, vimos un poquito de Snarky Puppy, que con su mezcla de jazz y funk tenían a más de uno y de dos bailando con los ojos cerrados, dejándose llevar por ese ritmo neoyorquino tan Snarky. Banda que investigar, sin duda.

La disyuntiva «ver a James en el Estrella Damm y perder primera fila de Alabama Shakes o perderse a James para tener front row para Alabama» se convirtió en escuchar a James guardando sitio en el StubHub. Sorprendentemente, el sonido llegaba nítido, pero a diferencia de lo que ocurre con los escenarios principales del Primavera Sound, que están encarados de modo que puedes «no ir» a un concierto pero disfrutarlo igual desde la distancia con la ayuda de las pantallas (apunten, señores de temas logísticos del Cruïlla), no pude ni intuir qué se cocía sobre el escenario de James. Solo puedo decir que sonaban muy bien, que es como no decir nada.

Alabama Shakes - Cruïlla 2016

Y llegó el turno de Alabama Shakes, con público variado pero igual de entregado desde el primer momento. Los nominados al Grammy «Best New Artist» del 2013 y ganadores meritorios de tres Grammys más esta última edición demostraron que si tienes poco tiempo asignado, y lo que quiere tu público es escuchar tu música, hay que ir a por faena. Así, Brittany Howard, con un vestido poco favorecedor que le ponía veinte años encima (perdón por el comentario de fashionista de pacotilla), atacó los cuatro primeros temas y fue entonces cuando se acordó de que tenía público delante y soltó un breve pero efectivo «thank you». Y es que no le hacía falta más, porque desde que apareciera en el escenario tenía a todo el público atónito de ver lo «monstrua» que está hecha, poniéndonos en modo lenguaje folklórica española. Pero, a su vez, se mostró comedida, moderada y sutil cuando el momento lo requería. Sea cual fuere la ocasión, el público babeó. Mucho.

De esas cosas que pasan, que cuando acabas de vivir una experiencia extasíaca, pocas ganas te quedan de más. En consecuencia, por mucho que ansiara ver a Robert Plant para tener un momento «remember when«, mi paso como público entregado a su actuación fue anecdótica. Nota para los lectores: demasiado producto excelso, que es lo que hay la parrilla cruïllera, no es bueno para la salud. Lo bueno, si breve… Además, recordemos que el Estrella Damm tampoco brillaba por su potencia sonora y mucho menos por esos graves que en cualquier otro recinto te llegan a hacer vibrar el tronco y allí se quedaban en los pies. El efecto era algo así como que escuchas tintes Led-Zeppelianos que te llegan a los oídos pero que no te llegan a hacer vivir lo que hubieras sentido 40-50 años atrás cuando no se conocían las restricciones acústicas como hoy en día. Y nada de ello fue culpa de Robert Plant ni del cha-cha-cha.

Fermín Muguruza - Cruïlla 2016

Por tanto, con ganas de locura bailonga y un poco de frenesí, dirigí mis pasos hacia el escenario donde actuaba Fermín Muguruza, al que desconocía por completo. Acompañado de su New Orleans Basque Orkestra, no pudimos hacer más que bailar y sonreír con los intentos de Fermín de hablar catalán, a la vez que reivindicaba no solo el vasco sino las identidades lingüísticas y se ponía también en plan pro-Palestina. Menos reivindicativo y un poquito basto en su discurso, Santi Balmes defendía el set list de Love of Lesbian ante una multitud de gente más que considerable, teniendo en cuenta los recientes conciertos repetidos en la Ciudad Condal y en casi todos los festivales habidos y por haber del panorama español.

Love of Lesbian - Cruïlla 2016

El Festival Cruïlla, que llevo visitando cuatro años, se mantiene como una cita veraniega de disfrute musical que tiene ese toque familiar y de atención a las necesidades del cliente que lo distingue del resto de oferta festivalera en la Ciudad Condal. Por ello, y por un cartel en que, si hay ganas, te puedes dejar sorprender gratamente a la luz de la luna tumbada en la colina, aquí la menda el año que viene repite si el que dicen que está allí arriba quiere. De hecho, ya tengo el abono para la edición siguiente, que ha salido hoy a la venta para los propietarios de uno de la edición de este año a un precio especial de 55€ + 3€ de gestión para los 2000 primeros en llegar. Una muestra más de que al Cruïlla, lo que le gusta, es la alta fidelidad.

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