Balance de un FIB con overbooking español

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Como cada año, nos fuimos al FIB cargados de energía y dispuestos a quemarla al completo. Este año prometía ser una de las ediciones más multitudinarias y es que tener a Muse como cabeza del sábado proporcionaba el 90% del sold out aunque fuese tirando de entradas de día. Esta vez la llegada a la ciudad era más grata de lo habitual, unos 25ºC nos recibían a la entrada del recinto y nos hacía sospechar que por primera vez, en este FIB, tiraríamos de rebequita.

El jueves no fue el mejor día del festival, el comienzo se hizo esperar y el FIB no era el FIB hasta bien empezada la noche. La cosa empezó floja, el recinto no terminaba de animarse y tener como pistoletazo de salida a John Grvy no ayudó en exceso. Una actuación a la que el escenario principal se le hizo enorme, y donde pese a la mayoría de habla inglesa entre el público, no consiguió alentarlo ni versionando a los Backstreet Boys (de hecho a más de uno nos expulsó directamente).

La cosa no iba demasiado bien para haber empezado ya el festival y el siguiente en tomar el escenario principal iba a ser El Guincho, otro tropiezo para el festival que no consiguió movilizar al respetable. En cuanto a la actuación tampoco sabría qué decir… me fui a resguardarme debajo de una hamaca en la VIP y bebí para olvidar un género que no sabría bien cómo describir, que me recordaba al electrolatino y que seguía sin entender el por qué se encajó este concierto en el escenario principal. En mi huida llegué hasta el escenario Radio 3 y me topé con Fuckaine, unos chavales con mucha actitud y un técnico al cargo que no tuvo su mejor día. La voz se perdía entre las guitarras y los típicos fallos de sonido de los primeros conciertos del festival pasaban factura. Aún así, consiguieron contentar a un público que pese a estar venidos abajo por el calor seguían el ritmo y escuchaban atentos el primer concierto de Benicàssim que sonaba verdaderamente a lo que entendemos por FIB.
El día no terminaba de despegar pero con el avance de las horas, las hordas de cangrejos rubios empezaban a llegar al recinto, y ya casi a marchas forzadas empezaba a animarse el ambiente.

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Soulwax fue el primer concierto que podríamos llamar multitudinario en el escenario principal y con la retirada del sol, la velocidad de la gente empezaba a acelerarse para romper con Skepta, una gran sorpresa para muchos de los asistentes y donde todos ineludiblemente entramos en calor.
Ya había remontado el día pero no quedaba mucho más, dos tandas principales de grupos, primero Major Lazer y Anni B Sweet y después Mr Oizo y Amable. En la primera tanda era obvio que el público se decantó por Major Lazer, el plato fuerte del día, cargado de temazos, bailarinas y confetti aunque hay división de opiniones en el tema musical (algunos no perdonamos que sonase ‘La gasolina’) todos los asistentes fueron unánimes al señalar que, sin duda, fueron la fiesta del festival.
Mr Ozio terminó de quemar la noche, un día que nos supo a poco pero que sirvió para ir cogiendo ritmillo sin quemarnos demasiado. Para otros el fin de noche nos lo puso en bandeja Amable, y será cuestión de gustos pero yo me quedo con Amable y su infalible selección musical.

Mientras el jueves nos defraudó un poco, el viernes prometía ser todo lo contrario, tenía el horario bien marcado desde primera hora, y allí estábamos, a pleno sol al comienzo de uno de los conciertos que más ganas tenía de ver: Gaspard Royant. Así sí daba gusto empezar el día por todo lo alto, con ritmos pegadizos y bailables, temazos con cierto aire vintage y con un frontman que sabía dar un buen show . Como colofón, un final donde bajó entre el público para dar varias vueltas corriendo y saludando antes de desaparecer por detrás del escenario.

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Buen momento para reposar y aprovechar para dar un trago, sobre las 20:00 el FIB nos ofrecía dos propuestas femeninas con ciertas semejanzas: Hinds en Las Palmas y Reykjavikurdaetur en el J&B South Beach. Yo no dudé, a quien le gusten las Hinds lo respetaré por decir así, pero no fue mi caso y para ver actitud y chicas liándola sobre el escenario me quedo sin duda con las islandesas, con su aplauso-coreografía sacado de la Eurocopa y el show de ver a esa quincena de chicas sucediéndose en un concierto notable. Tras esto, tocaba carrera para el escenario principal para ver a La Habitación Roja, que hizo un repaso a sus temazos, dejando atrás al ‘Hombre del espacio interior’ que echamos en falta aunque agredecidos de que no hubiera otras grandes ausencias. A su vez, en el escenario VISA sonaban Band of Skulls, otra sorpresa sobre todo para muchos españoles que llegaron ese mismo día con un claro objetivo: ver a los Chemical.

El ambiente se fue enrareciendo, manadas de españoles puestos hasta las cejas entraban al recinto ya bien entonados y dispuestos a calentar lo justo para bailar como locos con los Chemical Brothers. Con la caída del sol un chirrido de dientes rechinando sustituía a las chicharras del ruido ambiente y la batalla por el público entre The Vaccines y Dorian la ganaron los primeros. Otra buena actuación de uno de los cabezas de cartel que más esperábamos, dispuestos a quemar las últimas balas temiendo lo que se venía encima con la inminente llegada de los Chemical. Carrera rápida entre Vaccines y Clyro para ver a Juventud Juché, con no demasiada afluencia pero con mucho curioso ya que el parón entre grupos principales encajaba a la perfección, unos bailes en el escenario que más regular sonaba y de vuelta al principal para Biffy Clyro.

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Este sí era el concierto de la noche, personalmente me atrevería a decir que fue de los conciertos que mejor sonaron y aprovechando los recursos técnicos que el enorme escenario les brindaba, dejaron a muchos con la boca abierta. También pude echar un vistazo algo fugaz a Dan Deacon de camino a la barra que supo a poco pero no tuvo pérdida. Llegados a este punto ya me podía ir a la tienda tranquilo, con el balance de un brillante Gaspard Royant junto a La Habitacion Roja y Biffy Clyro habían hecho que el viernes fuese un buen día sin lugar a dudas, aunque aún quedaba la caña.
El escenario principal se llenó para los Chemical y las pulseras de día con acento español hicieron que el festival diese un giro bastante importante, eran The Chemical Brothers y muchos habían ido justo para disfrutarles. El comienzo no tuvo desperdicio pero con el paso de los temas fue bajando la cosa. No soy especialmente fan de la electrónica y posiblemente fui de los primeros en aburrirme, sin embargo, desde mis paseos por el recinto viendo diferentes escenarios podía ver algo claro: no era el único en abandonar a los británicos. Viendo el ambiente que estaba llegando opté por lo fácil: a dormir, que el sábado prometía ser el día grande.

Sí, sí y sí, ¡es sábado! Hace poco escribí algo sobre Bowie y su Blackstar, y unos días de escuchas en bucle del duque me había dejado nostálgico pero para mi suerte, el día empezaba con un homenaje a Bowie de la mano de Capsula. Otro día de sudada que mereció la pena, un poco parado el ritmo quizás o una puesta en escena un poco relajada pero con una gran ejecución de los temas que me alegraron la tarde. A su vez La Femme, grupo al que parece ser que fui el único que no conocía previamente, me pareció que tienen un rollete muy animado, solo vi un problema: el 90% de lo que escuché parecía una copia de B-52’s. Allá cada uno con sus ideas, pero a mí cada tema me parecía como si un punteo de rock lobster hubiese crecido hasta ser un tema propio.

Las canciones de Zahara no terminaron de cuajar entre los extranjeros pero al ser el día de Muse, el recinto estaba lleno de españoles que levantaron el concierto. Desde primera hora el recinto se encontraba hasta arriba y las colas a la entrada dejaban ver que esta vez sí que había sold out.
Muse reventó la noche con un concierto que todos describieron como bastante bueno, yo puedo dar fe de ello, un gran concierto pero por lo que había oído y leído sobre sus shows me supo a poco. Nunca he sido muy fan de Muse, no conozco demasiado sus temas y la mayoría de ellos me aburren a la tercera escucha, pero estaba en primera fila, esperando a ver a esos virtuosos que muchos dicen los dejaron con la boca abierta. A los 20 minutos de concierto ya estaba en la barra central, podría decir que para apreciar menos las visuales y el show, pero si os soy sincero no fue por eso.

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Llegó el fin de Muse y el dilema se centraba entre Neuman y Bloc Party. Pese a lo que el sentido común dictaba quería ir a ver a Neuman, ver como reaccionaba un público que entendiese sus letras y cantase los estribillos en lugar de tararearlos. Aunque no fue un cambio radical, sí que se notaba cómo el público escuchaba las letras y las entendía, sorprendentemente dada la hora y el estado de los mismos pero así era. Un par de temas cantados mano a mano con el galés de turno y carrera para Bloc Party: solo dan una hora de concierto y tienen renombre. Por desgracia el sonido estaba un poco bajo teniendo en cuenta la ubicación y hora del concierto, pero aún así la fiesta estaba asegurada y el setlist reducido a solo 60 minutos hizo que no tuviera ningún desperdicio.
Llevábamos ya 3 días de festival, era tarde y solo nos quedaba uno. A falta de Disclosure para cerrar el escenario principal yo huí con el rabo entre las piernas al calor de mi quechua (si no os lo dije ya, las noches pedían una chaqueta como mínimo).

Con la rueda de prensa ya clásica que precede la jornada del domingo en la que los organizadores se marcan un balance general con los datos que han recogido de las tres jornadas anteriores. La cifra de asistentes, 170000, no dejaba lugar a dudas y sonaba abrumadora, aunque he de decir que el crecimiento del público español en el festival se hizo notar ante tanto british.
Pacosan fueron los encargados de arrancar la última jornada del escenario Las Palmas, su hipnótica mezcla de psicodelia y electrónica nos animó para afrontar la tristeza de que el festival llegase a su fin y de paso, se llevó los últimos atisbos de resaca que dejaron los primeros días. La caña de la buena no llegó hasta que Fidlar pisaron el escenario principal, quizá aquí la organización pecó de poner demasiado pronto a un grupo que se merecía sin duda un horario en el que el público pudiese entregarse a los pogos sin desenfreno evitando la mirada de ese solazo que aún apuntaba alto sobre nuestras cabezas. Un descubrimiento con una versión de Beastie Boys incluida, que nos guardamos en la retina y el oído y que esperamos tengan más en cuenta diversos festivales peninsulares.

Otra de las sorpresas de este último día fue Mac Demarco que, aunque compitiendo en horario con The Maccabes, ganó por goleada ganándose al público que huía desorientado del escenario Las Palmas. Aunque a simple escucha DeMarco no parecían dar mucho de sí, lo dieron y bien. Raro fue el que no se dejó llevar por sus ritmillos pegadizos y dio rienda suelta a su cuerpo como vía de expresión. Tras su fin, el turno era del grupo de moda 2016 y numerosos fans ingleses y españoles, sobre todo féminas, daban constancia con camisetas y pancartas que se trataba de The 1975. Mucha expectación para un grupo con un estilo demasiado trillado, que si bien hace unos años despuntaron con sus primeras canciones, parecen haberse acomodado en los bailes entre líneas no bien definidas en sus últimas canciones y el pop fácil que tanto suele gustar a la radiofórmula. Todo corrección y un postureo que aburría al público más crítico pero que terminó de encandilar a muchos fans de los británicos.

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Con Kendrick Lamar se reafirmó la corriente que viene ya dando que hablar en las últimas ediciones del FIB y el hip hop volvió a salir triunfador del festival gracias al show del rapero. Aunque al principio hubo momentos en los que olimos de cerca la decepción, el concierto fue ganando en intensidad y mucha de la culpa la tuvo su compañía, ya que ir con banda y no solo con DJ sumó sino uno, varios miles de puntos a su favor. La coronación vino con The Massive Attack, que tenían preparado un espectáculo por todo lo alto. Con toda su parafernalia, un sonido atronador y unas pantallas que nos sumergían en la fiesta definitiva, nos alejamos pidiendo un poco de piedad para nuestro cuerpo por el largo camino que nos esperaba de vuelta a casa la mañana siguiente.

Un año raro para el FIB, en el que cada año el público nacional gana fuerza aunque por ahora principalmente a base de entradas de día. Una mezcla que, a los más conservadores, no termina de convencernos, pues para algunos el buen ambiente, buen rollo y educación del público extranjero era una de las principales motivaciones. Y es que seamos sinceros: aunque nos duela, el público extranjero parece saber mucho mejor cómo disfrutar un festival sin demasiados incidentes y sin molestar a los demás.

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