Amaral y Sevilla, dos horas y cuarto de magia.

Hacía más de cinco años que los fans sevillanos de Amaral no disfrutaban en directo y las colas para acceder al recinto proporcionaban una idea del lleno que nos esperaba dentro del CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporaneo).

Para los más despistados comienzo ubicando un poco, en esta ocasión el escenario no estaba situado en el patio interior acostumbrado del Pop CAAC y mayoría de fiestas, se encontraba en el patio previo y de mayores dimensiones.  En consecuencia, un escenario mucho más grande, con un equipo mucho mayor del habitual y dispuesto para las tres noches de conciertos con trabajada producción que se aproximaban con el fin de semana.

Un comienzo potente que hizo levantar al público desde el primer segundo con «Unas veces se gana y otras se pierde», «Revolución» y «Kamikaze», que les sirvieron para conectar rápidamente con el expectante público. Público al que mantuvieron enganchados y conectados durante las dos horas y cuarto de concierto, de un directo cargado de energía sobre el escenario, dinámico, en el que todos los miembros del grupo se contaban con espacios para moverse e interactuar en un marco escénico de luces y pantallas

Más de dos horas en las que como es de esperar, pudo presentar su último trabajo y en el que el grueso del show lo compuso un recorrido extenso por una carrera llena de temas de culto como «Salir corriendo», «Días de verano», «El Universo sobre mí», «Cuando suba la marea», «Moriría por vos», «Estrella de mar», «Como hablar»…

Se aproximaba el final de la noche y Eva ya había amagado varias veces con esas frases típicas como «¡Una más!», «¡Venga!, ¡La última!», y sí, se fue para dar paso a lo bises. Se guardó en la manga «En el tiempo equivocado», «Llévame muy lejos» y «Sin ti no soy nada», momento en el que desde el público partieron una bandada de globos de helio con forma de estrellas plateadas, para sobrevolar nuestras cabezas y el escenario durante gran parte de la canción.

Por último y como broche de la noche, una última y breve retirada del escenario proseguida de «Nadie nos recordará». Argumento innecesario para terminar de desgastar las gargantas de todos los asistentes, los cuales no pararon de cantar durante todo el concierto.

 

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