El Mad Cool más multitudinario cierra su tercera edición superando el caos

El Mad Cool era para muchos la cita imprescindible del verano y la ocasión idónea con la que dar comienzo la temporada de festivales estivales. El cartel era digno de admiración, pues en los últimos tiempos y sobre todo, desde que llegase el Mad Cool a nuestras vidas y a excepción del Primavera Sound, es difícil encontrar un line up que reúna tanto nivel.

Además, para esta edición el festival quiso dar un salto exponencial doblando sus asistentes y trasladando el festival a un recinto mucho más grande donde dar cabida a un total de 240.000 personas. Para ello, llegó a un acuerdo con Metro de Madrid para que la línea 8, que comunicaba el festival con Nuevos Ministerios, permaneciera abierta toda la noche durante los 3 días de festival.

Otra de las curiosidades del festival es que incluía multitud de espacios distintos: uno dedicado a las artes escénicas que llevaba el nombre de Pedro Aunión, como homenaje al trabajador fallecido en la pasada edición, otro dedicado a la moda y otro a ilustradores y otros artistas como grafiteros. También, el festival se posicionaba desde antes de su inauguración en contra de las agresiones sexuales y para ello, se encargó de difundir por las pantallas antes de los grandes conciertos un mensaje grabado por Bardem y Lluis Tosar (que podría haber estado protagonizado por mujeres, PERO) recordando el lema “No es no, y si no hay sí, también es no”, además de reservar un espacio donde dar información sobre el tema y concienciar por un Madrid libre de violencia machista.

Sin embargo, todas estas expectativas se vieron nubladas por el protagonista de la primera jornada del festival: el caos. El camino de acceso al festival para los que venían en metro fue una auténtica odisea: más de una hora para completarlo, multitud de controles y cortes en los que los trabajadores de seguridad impedían el acceso por grupos de personas durante varios tramos. Una vez en la puerta, las colas para ponerse la pulsera inundaban la explanada de entrada, donde los trabajadores del festival se veían colapsados por volumen de público, incidencias y la caída del sistema, que a su vez produjo que dentro del festival no se pudiera pagar con tarjeta y el simple hecho de beber algo se convirtiese en más de 45 minutos de espera entorpeciendo el disfrute del concierto de Eels.

Una vez dentro y tras la recuperación del sistema, la cobertura era sangre de unicornio y las colas en las barras y zonas de comida seguían nublando la primera jornada del festival. Prescindir de pulsera o tokens para agilizar el pago fue uno de los grandes errores (por dificultar el cobro) o aciertos del festival (por no obligar al asistente a esperar una nueva cola para recargar o adquirir), aunque la inexperiencia y falta de personal hicieron el resto. Hasta pasado el concierto de Tame Impala pudimos ver gente desubicada en el recinto con el tema de baños, precios, horarios o escenarios del recinto.

Ante tanta aglomeración, los ánimos nos pedían a gritos bajar un poco el ritmo y disfrutar de un concierto libre de gente enfadada, por lo que la mejor opción fue ir a ver a Carolina Durante en el Mondosonoro Stage. ¿Te suenan? Seguro que los has visto en la letra pequeña de varios festivales este año y hayas pensado que se trata de una chica tocando canciones tristes con una guitarra acústica, pero lo cierto es que son un grupo formado por cuatro chicos madrileños que llevan el ingenio y el humor por bandera. Una oda al desamor más satírico con un componente de crítica social y política que tanto hace falta en el panorama musical últimamente. Justo después y mientras las masas se preparaban para el inicio de Pearl Jam, en el Thunderbitch Stage daba comienzo el concierto de Modelo de Respuesta Polar ante los que se resistían a unirse al gran público para disfrutar del cabeza de cartel.

Con el concierto de Pearl Jam a muchos terminaron por olvidárseles las fatales incidencias del arranque del Mad Cool, quienes por fin hicieron que el festival mereciera la pena. Si a alguien le parecía que ya no hay grupos de rock como los de antes, ahí estaba Eddie Vedder con los suyos para demostrar que se puede seguir esa estela  mejorando lo existente y dando una lección de elegancia.

Poco después, en el escenario Madrid Te Abraza pudimos disfrutar de una hora y cuarto de baile desenfrenado de la mano de Kasabian. Para nosotros, fueron unos de los partícipes en salvar la jornada convirtiendo la noche en una fiesta de esas que no quieres que terminen jamás. A la vez, hubo quien se decantó por Justice en uno de los espacios más agradables del festival: The Loop, una carpa enorme donde el sonido hacía vibrar el suelo, que además contaba con mucha sombra a primera hora y pocas colas en las barras, después.

Para cerrar la noche y sin movernos del escenario principal, optamos por el apego a los sintetizadores de MGMT, que supieron a poco para ser el colofón final de una jornada que se vio eclipsada por las quejas de todos los asistentes y algún que otro medio que se cebaba con la noticia.

El segundo día todos temimos que volviera a pasar lo mismo que la jornada anterior pero, por suerte, todo quedó en simples temores. Los accesos esta vez eran fluídos y las colas para acceder al recinto se quedaron en recuerdo. Una vez dentro, el personal de barra era más ágil al haberse repartido el trabajo: unos cobraban, otros ponían bebida. Aún así, hubo quien aprovechó para seguir cargando con toda la artillería pesada contra el festival.

Las grandes decepciones de la noche no fueron los organizadores, sino Jack White y Arctic Monkeys. Jack White quedó lejos de cumplir expectativas y no supo conectar con un público que buscaba un precalentamiento digno para suplir las carencias de la primera jornada. Los Arctic Monkeys tuvieron el que posiblemente fuera el setlist más flojo de todo el festival: con mucho momento histriónico por parte de Alex Turner y demasiado espacio para que las parejas presentes se deseen amor eterno, o lo que es lo mismo, un concierto donde primaban las canciones a medio tiempo que pecó de ser excesivamente plano.

Sin embargo, Franz Ferdinanz, a pesar de ser uno de los grupos internacionales a los que más hemos visto en directopor nuestro país, no solo no decepcionaron sino que sorprendieron a muchos levantando el ánimo de la noche con un directo de lo más potente. Mientras tanto, Massive Atack fueron los culpables de que la segunda jornada del Mad Cool se tornase turbia y al festival le llovieran las críticas de nuevo. El público estuvo esperando más de una hora a que el concierto empezase para que finalmente acabase cancelado. Aunque en este caso, parece más indicado apuntar al grupo porque si echamos la vista atrás no es la primera vez que algo parecido ocurre.

Para cerrar, apostamos por la música patria yendo a ver a La M.O.D.A. en el Escenario KOKO, donde los burgaleses congregaron a todos los supervivientes que restaban para cerrar la jornada con sabor a alcohol castizo y carretera. Tendrán adeptos y detractores pero lo cierto es que saben cómo ganarse al público y su directo es siempre un acierto.

El ultimo día quisimos disfrutar desde primera hora del Mad Cool y aprovechar para ver todo el recinto ya que los días anteriores no pudimos hacerlo con tranquilidad. Comenzamos en el escenario Mondosonoro con Repion, uno de los ganadores del concurso de talentos para bandas emergentes del festival. El trío nos sorprendió, además de por lo desgarradoras de sus voces, por su indie-rock con tintes del grunge más noventero y un sonido de lo más contundente.

Todo el mundo hablaba de un tal Kaleo en el escenario Koko, así que allí nos fuimos a adivinar a qué venía tanta expectación. Con la estética del vocalista, que parecía recién sacado de un programa líder de audiencia en Telecinco no nos quedó muy claro si salir corriendo o permanecer, pero lo cierto es que hicimos bien en quedarnos. Kaleo nos sorprendió con su rock clásico, un sonido al que resultaba difícil sacarle alguna pega y una elegancia admirable.

Queens of the Stone Age eran el plato fuerte del último día de festival. Josh Homme y los suyos se personaron ante 80000 personas con un directo contundente que enganchó a los asistentes como si de una energía superflúa se tratase. Además, ganó adeptos criticando que hubiese una gran zona desierta de pista cerca del escenario reservada únicamente para los VIP. Una lección de rock con espacio para la ‘lucha de clases’ y una perfecta gestión del escenario y cada movimiento.  A la vez, defendiendo la psicodelia en un horario complicado estuvieron Rufus T. Firefly que siguen coronándose como la nueva esperanza del indie patrio.

Depeche Mode tiraron de clásicos que llevan más de 20 años llenando festivales y haciendo bailar a un público que no se cansa de verlos. Tras ellos, la energía que desprendió Nine Inch Nails es difícil de describir pero fueron los más aplaudidos de la noche. Los visuales, además, acompañaban a un espectáculo que sonó irrebatible.  Sin embargo, el regreso de Jet, a pesar de ser algo esperado por el público, se convirtió en desencanto por la escasez de minutos de concierto, un directo correcto pero de capa caída y más aún como cierre para un festival de tal calibre.

En resumidas cuentas, el Mad Cool falló en su primera jornada pero supo solventar los errores para las dos siguientes y tanto el recinto como los servicios, fueron suficientes para albergar a tantos asistentes. Es un gustazo contar con un recinto donde sea todo césped y puedas sentarte en cualquier parte, como lo es que la zona de restauración sea variada y tenga opciones veganas y aptas para intolerantes. Si hay que sacar una pega: los vasos deberían poder devolverse para que el recinto no se viera tan sucio al final de la jornada y al final todos colaborásemos en dejarlo limpio, aunque cierto es que había contenedores para que esto no aconteciera. Estamos seguros de que el próximo año el festival repetirá recinto pero no así los errores de esta tercera edición que ha sido decisiva para todos.

 

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