Videando en el Vida Festival: sábado

Nos plantamos el sábado en el Vida Festival habiendo ya cubierto los nombres más destacables del cartel, si cabe. Pero como el Vida es más que música, decidimos el sábado estar más por la labor de festivalear que no de musiquear.

Llegamos a media tarde con la intención de pasearnos por el mercado, donde pudimos comprobar que no solo el patrocinador Levi’s sino también vendedores artesanales ofrecían sus productos. Nos enamoramos de los bolsos de tela, aunque hay que decir que no casaban con el «look» dominante entre los más «cool» del festival: camisas hawaianas o de Brava Fabrics para los chicos, vestidos de flores con deportivas para las chicas. No hace falta apuntarlo, pues vete a saber qué estilo será dominante en la próxima edición.

Visitado el mercado, queríamos por una vez en la vida ver al irreverente de Albert Pla. Imposible «verlo». Escucharlo, reírnos con él y flipar con los solos de guitarra, todo lo que quieras, pero lo que es verlo, se convirtió en una utopía, pues la explanada de El Vaixell desbordaba por todas partes. Nos sirvió al menos de ambiente de fondo de la cena. De los «food trucks», destacamos las crêpes, abundantes y de precio razonable. El arroz thai, mejor evitarlo.

Cumplido objetivo nº1 (mercadillo) y nº2 (cena) de esta jornada del Vida Festival, nos dirigimos a Iron & Wine, que lo están petando, y mucho, en las Australias. Su propuestas nos convenció hasta cierto punto. Iron & Wine apetece escucharlo, valga la redundancia, en la tranquilidad del balcón de tu casa, acompañada de un vinito fresquito. O entre charlas con amigos post-cena. También nos queda bien ahí, donde sus efectos de risa forzada pasarían más bien desapercibidos, pero que en directo, terminan por resultar un poco sobreutilizados. No obstante, fue una delicia escuchar tanto las armonías vocables como ver, sobre todo, a la percusionista, que ella sola parecía una mujer orquesta. De la actuación en conjunto, sin embargo, diremos que les sobraba escenario por todas partes. El horario, nueve de la noche, tampoco acompañaba (¿quizás era más de seis de la tarde?). El ambiente desangelado entre el público, que prefería echarse unas charlas a escuchar, tampoco acompañaba. Hasta el miembro de seguridad, entrada ya la segunda parte del concierto, ya no sabía qué contorsión hacer para entretenerse. No falló Iron & Wine, falló la ubicación y el horario. Solventado esto, es de esos que verlo una vez (o dos) en la vida no hace daño.

Iron & Wine en el Vida Festival. Foto: Mika Kirsi.

Iron & Wine en el Vida Festival. Foto: Mika Kirsi.

Otra historia fue la de They Might Be Giants. Mientras veíamos desde la distancia a Jungle By Night, pudimos comprobar como los forofos de los gigantes de toda la vida, gente bien entrada en los 40 y 50, con incluso camisetas de la banda, cogían posiciones en las primeras filas. La actuación de los americanos fue una parodia de parodias de principio a fin. Empezaron con un vídeo de los 90, el de Run DMC ft. Steven Tyler de Aerosmith del tema ‘Walk This Way’, que no sabemos hasta qué punto, ya es en sí una autoparodia. Ello marcaría el resto de la actuación, en que John Flansburg y, sobre todo, John Linnell, se reirían de sí mismos (¿o de nosotros?), siempre conscientes de que, ¡ey, si hacemos lo que hacemos, es por dinero, y no nos va nada mal, así que qué más da hacer un poco más el chorra sobre el escenario. La calidad musical no se resintió, aunque sí los volúmenes: el micro de Linnell estaba a menudo descompensado mientras que el acordeón tuvimos que imaginarnos cómo sonaba en nuestro mundo de fantasía.

they might be giants vida festival

Abandonamos el recinto del Vida Festival un poco antes de que They Might Be Giants terminaran, para comprobar la sensación que tuvimos ya con Iron & Wine: la afluencia del sábado en los escenarios principales fue bastante inferior a la del viernes. No sabemos si ese hecho es aplicable a los demás escenarios o no. Lejos de ser un inconveniente, es algo que hace del Vida Festival un gran festival, no por su cartel, sino por el ambiente familiar, tranquilo y distendido, que tampoco va mal.

Ya tenemos primer cabeza de cartel del Vida Festival para el año que viene: The Charlatans. Será cuestión de empezar a valorar la posibilidad de repetir en el 2019. Ya veremos.

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