No Sin Música 2018: un festival que necesita mejorar

El pasado jueves 19 de julio daba comienzo en Cádiz la sexta edición del festival No Sin Música, que inundaría de conciertos el puerto de la ciudad desde la tarde del jueves a la madrugada del domingo. El recinto del festival es un enclave especial aunque con poca flexibilidad de distribución debido a su estructura rectangular.

El bolo que ofreció el jueves Marky Ramone, batería de los Ramones que sigue girando con los éxitos de la banda fue el mejor pistoletazo de salida para una jornada que muchos tomamos como precalentamiento. La M.O.D.A., de quienes también disfrutamos la semana anterior en el Mad Cool volvieron a sorprender a todo aquel que aún no les conociera con sus ritmos folk de carretera. Cuando llegó el turno de Sidecars pudimos ver la mayor afluencia de esta jornada en el festival. Los éxitos recaudados con su último disco se materializaron en forma de personas coreando cada canción de los madrileños.

Tras ellos, los casi desaparecidos Dinero, demostraron que siguen en plena forma y listos para volver al ring de los festivales veraniegos combinando sus canciones más actuales con éxitos pasados como ‘En invierno’ que siempre nos hicieron bailar. A altas horas, ya con la noche encima y unos pocos supervivientes, entraba en acción la Mala Rodríguez en un derroche de descaro atreviéndose a subir al escenario a algunos atrevidos fans.

Si bien la actitud de los músicos fue de admirar, no lo fue tanto la organización del festival. Algunos stands estaban desiertos cuando la noche caía: ya fuera de cócteles o photocall; además, los precios eran caros para un festival pequeño como es el caso, además había poca variedad de bebidas;  los vasos se vendían a 1€ y 2€ (pequeño y grande) y no había opción a pedir una copa en vaso de maceta. Para hacer una idea general: el primer día, pedir un mini de cerveza Cruzcampo, que además ni siquiera estaba del todo fría, costaba 10€: 8 de la cerveza y 2 del vaso, que además no podías devolver una vez terminado el festival.

Otro de los contras de esta edición fueron los problemas de sonido: primero la calidad del sonido del Second Stage, que no estuvo a la altura de los grupos que se subieron al escenario y segundo, los cortes que se sucedieron en varios conciertos, como el de Dorian y Zoé.

También generó muchos comentarios la presencia excesiva de los cuerpos de seguridad del estado. Podríamos decir que había casi un agente de policía o guardia civil, ya fuera con ametralladora o ‘modestamente’ armado, por cada 40 personas del festival, que para muchos parecerá algo positivo y seguro, pero la verdad es que para las personas que no están acostumbradas a ver armas, es cuanto menos incómodo verse continuamente rodeado y observado por estos agentes, que además no se cortaban en mirar mal a todo aquel que viesen con un atuendo fuera de lo que es considerado común en Cádiz.

Otro punto a mejorar fue la falta de sitios para descansar, a excepción de dos butacas situadas en un photocall de Brugal, no conseguimos encontrar ningún sitio en el que descansar o comer sentado dentro del festival que no fuera el suelo. Era más sencillo salir a sentarse en la plaza del ayuntamiento o en el parque de enfrente que seguir dentro, al igual que ocurrió a la hora de usar el baño por motivos de falta de limpieza y sobrado mal olor.

Viva Suecia también sufrió los problemas técnicos del No Sin Música pero en cambio, fue uno de los conciertos de la tarde del viernes que mejor sentaron al público. Recordando unos inicios que no se les dieron nada mal y tirando de gafas de sol para combatir el sol del atardecer, los murcianos ya no son ese grupo emergente con canciones pegadizas sino un grupo imprescindible que ya cuenta con varios himnos para levantar el festival sea la hora que sea.

Más tarde, le tocó el turno al irremediablemente cabeza de cartel de la segunda jornada del festival: Izal que, aunque estuvieron en esta ocasión bastante paradillos y abusando del ukelele, fueron los preferidos de la jornada del viernes. El sonido del Second Stage tampoco benefició a Rufus T. Firefly, a los que acostumbramos a escuchar con una peculiar calidad que engancha, esta vez tuvieron que valerse de actitud para ganar adeptos.

Por su parte, Marc de Dorian decidió prescindir de afinación para este concierto aunque por suerte, sigue sin haber nadie que sea capaz de mantener la boca cerrada cuando suena ‘Tormenta de arena’ o ‘A cualquier otra parte’. Finalmente Zoé, como fin de fiesta, aunque no sonaron del todo mal y también se vieron afectados por los cortes de sonido, quedaron cortos para cerrar la jornada a pesar de haber estado correctos.

Si bien el viernes fue el día grande del indie en el festival, el sábado lo era del rock. Comenzamos bien prontito con los sevillanos The Milkyway Express que siempre están acertados con esa mezcla de blues, psicodelia y ritmos sureños. Después, los californianos Vintage Trouble sorprendieron a todos por la calidad de su sonido y un vocalista, Ty Taylor, que encandiló desde el principio a todo aquel que se acercó a ver el concierto. La palabra para describirlos es sencillamente: brutal. La conexión con el público fue tremenda, se movían bien, tenían una banda que sonaba como un tiro y llevan un show entretenido que hacen disfrutar como pocos grupos actuales.

Llegó la hora más esperada por la gran mayoría de asistentes, se palpaba en el outfit estrella de la jornada: la camiseta de Héroes del Silencio. Bunbury salía a escena superando ‘Expectativas’ con un show que denota los más de 20 años que lleva sobre las tablas. Un sonido contundente en un espectáculo que incluyó canciones como ‘Infinito’ y ‘De mayor’ contentó a los fans más acérrimos que lo han visto crecer y aquellos a los que se ha ganado a golpe de carretera.

El rock siguió su curso con Los Labios en el Second Stage, donde el grupo de Sammy Taylor y Charlie Cepeda confirmó que la mezcla de estética, parafernalia y buen sonido sigue funcionando muy bien. El fin de fiesta lo marcó el buen rollo de La Pegatina que, tras reinventarse, sigue fiel a su estilo y enganchando público en cada directo. No obstante, se echaron en falta alternativas a los dos escenarios principales, así como un cierre de festival a mano de DJs o grupos de electrónica.

Sin duda, esta edición del No Sin Música será recordada por los grupos que pasaron por allí y el enclave del festival, aunque no tanto por lo demás, que necesita obligatoriamente mejorar si quiere permanecer en la burbuja de los festivales veraniegos sin tener que terminar por rendirse.

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