Así surfeamos el Tsunami Xixón 2019

Creo que nunca nos cansaremos de los festivales de nuestro entorno, pero consideramos que en ocasiones es necesario hacerse algunos cientos de kilómetros para descubrir cómo funcionan y se vive la música más allá de nuestra zona de confort. Y no, no hablamos de coger el coche o el avión y visitar pantagruélicos festivales en los que interesa más la foto de la pulsera o con una noria que lo que realmente programa; así que este pasado fin de semana decidimos dejar el Atlántico por unos días y visitar las costa cantábrica para surfear la ola del Tsunami Xixón.

Tras invertir la mitad de nuestro salario en peajes para así poder salir de Galicia encaramos la Autovía del Cantábrico con un objetivo claro: la imponente Laboral de Gijón señalada en el horizonte por su espectacular torre de 130 metros (no es que los haya contado sino que lo pone la Wikipedia). Acercarse a ella era cargarse de energía e ilusión ya que esa misma noche Offspring se erigía como cabeza de cartel y como outfit añejo: cientos de descoloridas camisetas de las californianos se cruzaban en nuestro camino dejando claro que tanto ellas, como sus propietarios, habían conocido tiempos mejores.

Para quienes no conozcáis la estructura del Tsunami Xixón, como era nuestro caso, haremos una guía rápida: tras acceder por la puerta principal del recinto llegaréis a un imponente atrio que tendréis que atravesar para llegar al patio donde se encuentra situado el escenario principal del festival. El segundo de los escenarios lo encontraremos en el jardín, tras atravesar la zona gastro y los distintos espacios de los partners del festival. Ahora que ya nos hemos situado os podemos contar que mientras atravesamos el atrio en el escenario principal sonaba Pulley. Debo decir que lo primero que me chocó fue que sonasen tan bajos. Ver a un Radinsky tan combativo a ese volumen creaba una distopía un tanto extraña pero tampoco os voy a engañar, mi primer objetivo venían desde mucho más cerca: Toundra.

Con el escenario pequeño convertido en escenario musical podíamos encontrar a los madrileños Toundra. Llegaban para sustituir a Good Charlotte tras la cancelación de toda su gira por problemas familiares. Quizás apremiados por este hecho, salieron a morder. Me resulta realmente llamativo cómo un producto como Toundra, post-rock instrumental sin ningún tipo de concesiones, logra aglutinar a un público tan variado que los reverencia desde el primer instante. Sin llegar a ofrecer un concierto como el que hace meses daban en La Iguana en Vigo, la banda estuvo excepcional: una propuesta contundente, un puesta en escena trabajada y medida que hacían que nadie recordase ni a Good Charlotte ni que se trataba del escenario secundario. Así, pensando en lo alto que quedaba el listón, decidimos que era el momento de hacer un alto y cenar… y llegó el tropiezo.

La marea humana se dirigía a la zona gastro en la que era imposible hacerse con comida. Colas de más de una hora llevaban a la desesperación a quienes las poblaban y a quienes las atendían, desesperación que aumentaba cuando a media que te acercabas a la barra escuchabas que la propuesta gastronómica había quedado reducida a menos de la mitad… Así las caras largas y los enfados se convirtieron en los teloneros de Offspring. Danko Jones o Bastards on Parade quedaban olvidados en favor de un bocadillo, una porción de pizza o el brazo del camarero ya que en el fondo todo es comida. 

Recuerdo un verano, un campamento, un disco y un “lala, lalalá, lala, lalalá…”, décadas han pasado desde ese momento y ahora, aquellos tíos de California que salían por la MTv se vuelven de carne y hueso, bueno, más o menos porque Offspring comenzaba 20 minutos más tarde su concierto. Y aunque Drexter Holland no luzca aquellas trenzas tan de los noventa, debemos admitir que sigue transmitiendo “algo”, quizás fruto de la nostalgia, quizás fruto de haberse cuidado más que lo han hecho sus congéneres.

No faltaron sus clásicos en mitad de una lluvia de vasos y cerveza (¡¡¡malditos jóvenes de 30 y 40, la birra no se tira!!!), las bromas entre Drexter y Pete quienes parecían la versión norteamericana de Los Morancos. Qué sí, que ‘Self Esteem’, tema con el que concluyó su concierto, es un HIT con mayúsculas pero está claro que Offspring ha vivido tiempo mejores. Antes los llevabas para reventar los festivales, y ahora para reventar la cartera de aquel que se niega a crecer es muy cierto, pero musicalmente no es la mejor opción, más aún cuando “racanean” minutos. Podremos decir que hemos visto a Offspring en directo pero dudo que recordemos el concierto y no por estar borrachos. Decidimos entonces que era mejor recoger velas, seguro que el sábado tendría mucho más que ofrecernos.

Aunque el Tsunami desarrolla el grueso de su programación en La Laboral también se sumerge en Gijón para ofrecer conciertos de caracter gratuito al paseante y a la ciudadanía en general. Así nos acercamos hasta la Plaza Mayor para disfrutar del directo de Agoraphobia y de Peralta acompañado de sidras y vermú.

Entramos en La Laboral cuando El Altar del Holocausto montaba un “Wall of Death”, separando al público como Moisés había hecho en su momento con las aguas del Mar Rojo. En esta ocasión lejos de aniquilar a la centuria romana, la banda dio vida el primer gran pogo de este Tsunami Xixón ante la incredulidad de los más pop del lugar que tomaban posiciones para disfrutar de La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Porque sí, casi una hora antes del comienzo, pequeñas cuadrillas de jóvenes se acercaban al escenario que tomaría posteriormente La MODA. Nosotros preferimos acercarnos al escenario pequeño para, desde una distancia adecuada y a la sombra, disfrutar de la propuesta de Side Chick. De vuelta al escenario principal descubrimos que aquellos pequeños grupúsculos habían crecido, el caldo de cultivo estaba preparado para la presencia de los burgaleses. Quizás, con Carolina Durante, la apuesta más arriesgada del cartel.

Hay bandas que funcionan un determinado tiempo porque el arropo de su agencia es maravilloso, otras sin embargo funcionan siempre por un motivo bien distinto: ser fieles a sí mismas y La MODA es un ejemplo de ello. A un lado luces, disfraces, humo o confetti, no son necesarios. Sobre el escenario, siete tíos que disfrutan haciendo lo que hacen y cómo lo hacen. Siete tíos que se cuadran ante 10000 personas que no han venido a verlos a ellos pero les importa entre poco y nada porque ellos saben lo que quieren. Ellos son La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

Un concierto del que los burgaleses han vencido y convencido. Sí, todo podía salir mal pero no lo hizo, triunfaron y salieron por la puerta grande. Nada que objetar y mucho que aplaudir.

Colocarse ante Berri Txarrak y pensar que es posible que sea la última vez que los ves en directo, suena duro pero es la realidad. Los navarros llevan meses despidiéndose de los escenarios por un tiempo indefinido y cada concierto que sucede es un paso más hacia la línea de meta.

Decíamos que La Maravillosa Orquesta del Alcohol lleva casi una década siendo fiel a sí misma, caso similar el de Berri. Ellos han marcado una línea, su línea, que jamás han abandonado y que jamás se han planteado hacer, por eso cada vez que se suben a un escenario, como espectador, eres consciente que no se guardarán nada, que no habrá juegos de prestidigitación, luces o sombras, que te encontrarás a tres músicos que van a hacer lo me mejor se les da: tocar y tocar alto. Berri Txarrak son rock y honestidad, música y lucha, saltos, pogos, melodía y mucha mucha mucha ideología. Gorka sujetando un cartel que rezaba “L’Asturianu Llingua Oficial”, David sacando la lengua al público y Ander con su sonrisa saludando, así terminaba el que posiblemente sea el último concierto de Berri es Asturias, el que posiblemente sea mi último concierto de Berri. Faltaron temas, muchos, pero jamás se negoció ni con las ganas ni con el esfuerzo. Solo decir, gora Berri Txarrak.

La noche seguía avanzando y nosotros decidimos hacer un alto para cenar, pedimos perdón a Sugus pero con el estómago vacío el rock es más difícil de digerir. Sin movernos del escenario principal pudimos disfrutar de Kaiser Chiefs, sinceramente no tenía ninguna fe en la banda de Leeds y motivos no me faltaban: perdida en el cartel entre Berri Txarrak, Los Bengala y NOFX su pop podría arruinar el ritmo del festival. Pues no, no lo hizo. Si bien es cierto que los sencillos de su último trabajo, “Duck”, no calaban entre la mayoría del público, sí lo hacían sus viejos temas que dispararon en el último tramo de su show, sí, show porque Rick Wilson es todo un showman que salta, baila, corre y calienta al público sin perder su elegancia de gentleman inglés. Una década más tarde ‘Ruby’ sigue siendo un rompepistas y ‘Everyday I Love You Less and Less’ un gran tema.

Los Bengala y su amor selvático tuvieron la difícil misión de ser el grupo que precedía a los vetustos NOFX, un concierto para el que buena parte de los asistentes guardó posiciones. Sonaba ‘Time Warp’, banda sonora de Rocky Horror Picture Show, y poco a poco los componentes de NOFX hacían acto de presencia en el escenario ante el enloquecido público. Punks de actitud, Fat Mike aparecía en el escenario travestido y con una pose socarrona, a su derecha Hefe, a su izquierda Melvin y cubriendo sus espaldas, el hombre de los mil alias: Erik Sandin. Formación de lujo para un concierto cargado de nostalgia, ausente de música y lleno de detalles de cara a la galería. Pensaréis ahora que le tengo manía a banda y os puedo decir que en absoluto pero esa pose política de punk y antisistema dista mucho de una realidad en la que vemos a backliners llevar copas a pie de micro, secar el mástil de una guitarra mientras Fat Mike hace chistes sobre Offspring o ver cómo vuelan baquetas contra trabajadores que “no cumplen al 100% con su trabajo”. He sentido lo mismo que cuando escucho a ciertos políticos decir que están a servicio del pueblo cuando lo que están es al servicio de las grandes compañías eléctricas y holdings empresariales… Sí, NOFX ha sido una auténtica decepción, respeto a los que saltaron, bailaron e hicieron pogos pero conmigo no han conectado.

Dicho esto: la actuación de NOFX no empaña un festival en el que he escuchado buena música y me he divertido. En el que he saltado y cantado y sobre el que me gustaría poner unos peros. El primero de ellos es la ausencia de contenedores en el recinto, ver La Laboral después de la jornada del viernes era lamentable y asqueroso. Lamentable por la falta de civismo de muchos asistentes que convirtieron cualquier rincón posible en un cubo de basura, dicho esto creo que la organización debía plantearse el uso de un vaso retornable evitando así buena parte de los desechos que allí se encontraron. Si estamos, globalmente, trabajando en la reducción de plásticos habría que darle una vuelta a esto. No hablamos de vajillas biodegradables pero sí contenedores (más allá de los que cualquier usuario de La Laboral se puede encontrar un martes) donde poder depositar y reciclar los residuos.

El segundo gran pero han sido las inmensas colas que se generaron el primer día en la zona gastro y decimos el primer día porque al segundo desde las RRSS de la organización recordaron que se podría acceder al recinto con comida del exterior así que, curándonos en salud, optamos por esta decisión. Añadir que La Laboral no es el mejor lugar para escuchar música pero suple esa carencia con ese intangible que solo lugares como la Illa de San Simón en Sinsal son capaces de aportar. Por diversos motivos, Tsunami Xixón queda relegado a ser un festival de tamaño medio frente a colosos como MadCool, Primavera, O Son do Camiño o su propio hermano Resurrection fest, pero posiblemente tampoco pretenda ser líder, es un festival al que asistir tranquilo, en un entorno bonito y con una gran carga de nostalgia: por el entorno, sí, pero sobre todo por su cartel. Un festival del que nos declaramos fans desde este momento (aunque deba mejorar cosillas).

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