Contrapunto o cómo Zahara y Ferreiro rindieron culto a la música

Lo avisaron desde un principio, iba a ser un concierto único e irrepetible. No mentían, lo que se vivió el pasado viernes en el pabellón 5 de IFEMA fue una experiencia de esas que entran directas a los poros de la piel y se quedan ahí durante un largo periodo de tiempo.

Llegamos en torno a las 20:00 h., aunque todavía no estaba muy petado, sí se empezaba a ver movimiento de gente. Digamos que se podía intuir el llenazo. En uno de los laterales exteriores del recinto se habilitó una zona de food trucks que a esa hora se antojaban una buena opción para cargar pilas antes del espectáculo. No fuimos los únicos en tener esa idea, por supuesto.

A eso de las 21:00 h. la pista estaba prácticamente llena a reventar, media de edad en torno a treinta, mucho «merchan» de ‘Casa’ y algún que otro «Ferreiro, te amo» sonando por encima de otras voces. Los protagonistas de la noche, Iván Ferreiro y Zahara, se hicieron esperar un ligero tiempo que, aunque ni largo ni corto, doce minutos para ser exactos, hizo que a más de uno se le hiciese eterno.

Apagón de luces a las 21:30 y primeros acordes de una música que nos resulta familiar, es la música con la que Ferreiro abre sus conciertos. Sin embargo, aunque siempre que termina sale él, esta vez no fue así. Lentejuelas y una guitarra. Zahara hace aparición y lo hace para cantar «Canciones para el tiempo y la distancia». Cuando la de Úbeda empezó en esto de la música, cantaba canciones de otros, Ferreiro era uno de ellos. Y se notó. Ese cariño que sientes por las canciones que interpretas en tus primeros conciertos, aunque sean temas de otros.

Cambio de protagonista, esta vez es Ferreiro quien sale con su teclado como único acompañante y toca «Leñador y la mujer América». La noche promete, se sabe a todas luces que no van a faltar los guiños, las versiones y la complicidad. No es la primera vez que estos dos artistas se juntan en el escenario, ya lo hicieron con la gira «Cómplices» de Mahou. Les salió bien y no es de extrañar que quisieran repetir.

Después de «Leñador», llegael turno de «Tupolev», «Guerra y Paz», «Pájaro Azul», «Inmaculada Decepción» y «La otra mitad», parecía que iba a ser un repertorio de cara y cruz, pero no. Zahara ya adelantó en su Instagram que iba a haber sorpresas y que cuatro invitados se subirían con ellos al escenario. Y sí, la primera sorpresa llegó. Miren Iza, de Tulsa, subió para cantar «El diluvio universal». Lo hizo sola, haciendo suya la canción, sintiendo en su piel cada estrofa. No era algo casual, Zahara la invitó para su concierto de Las Noches del Botánico, pero no pudo estar. Deuda saldada. Con creces, además.

A partir de ahí el concierto se convirtió en un absoluto homenaje a la música. Zahara e Iván cantaron juntos «Lucha de gigantes» de Antonio Vega, seguida por «El frío». Tras esto, llegó uno de los momentos más especiales de la noche. Zahara cantó «General Sherman», pero no lo hizo sola, la acompaño Ricky Falkner, a quien en su día le prometió que, si hacía los coros en el disco, no le iba a obligar a cantarla nunca en directo. No lo cumplió, pero lo compensó con un pequeño tributo a Egon Soda y a su «Bueno, averno». Ya lo decía la chica que estaba a nuestro lado: Falkner es muy grande, en todos los sentidos.

Volvía a ser turno de Ferreiro, pero no bajaron los niveles de emoción. Iván llamó al escenario a «su hermano en Los Piratas»: Fon Román. Los pelos de punta y el público volviéndose loco. Juntos tocaron «Fecha caducada» y lo hicieron de tal manera que solo con mirarlos se pudo ver la conexión que hay entre ellos, aunque ya no compartan grupo.

Volvió Zahara, cantó «Tú me llevas» y luego, junto a Iván, «Ciudadano A». Tras ésta, dos invitados se subieron al escenario, a uno ya lo habíamos visto, Fon Román, sin embargo, el otro fue una auténtica sorpresa: Dani Martín, ex ídolo juvenil de masas. Los cuatro cantaron «El equilibrio es imposible», lo hicieron en máxima comunión con el público quien la vivió con todo su alma, dejándose la voz en cada «qué caras más tristes». Los artistas se abrazaron y en el ambiente se podían ver las chispas de la emoción.

Momento de coger de nuevo aire con «El pensamiento circular» antes de un nuevo homenaje. Esta vez era el turno de Martí Perarnau. El líder de Mucho, mecha incombustible dentro del escenario y fiel colaborador tanto de Zahara (en la gira de ‘Astronauta’) como de Ferreiro (en la gira de Valmiñor-Madrid). Junto a la de Úbeda cantó «Las ventanas que se encienden».

Turno ahora de «Una quietud persigue mi alma» y «Senza un perché», previa disculpa por el italiano de ambos. Y tras esto, llegó el momento que hizo gritar a todo el que se concentraba allí la noche del viernes. Zahara empezó dando pistas: un cantante que en los días de MySpace le pidió ayuda, a ver si podía convencer a sus amigos de que fuesen a su concierto en Granada. Hoy, decía la cantante, no necesitan ayuda y se les quedan pequeños los Palacios de Deportes. Murmullo en el público y en esas sale Pucho al escenario. Juntos cantaron «Big Bang» y la bailaron, y aunque lo hicieron de una forma preciosa, quedó claro lo suyo es cantar.

Se podía intuir que el concierto estaba llegando a su fin, llegaron los agradecimientos a Planet Events, intercalados con «Donde habitan los monstruos», «Años 80», «El deshielo» y «Cómo conocí a vuestra madre». Más agradecimientos, esta vez a todos los músicos. Doble de todo, pero también de calidad. Esta noche el pabellón 5 de IFEMA es el paseo de la fama del indie español. Es una fiesta a la música.

E Iván dice lo que todo el mundo sabe, pero nadie quiere ver, esto está llegando a su fin. Pero lo hace de una forma brutal con «La Bestia» y «Turnedo». Por partes, eso sí. Primero, «Hoy la bestia cena en casa». Se ve brillo en el escenario, parecen las chaquetas de videoclip y se intuye que algo grande se viene. Zahara canta su nuevo himno, con pasión, con garra: «si eres tan valiente, préstame tú tu vientre». La gente salta y baila. Y como si fuese lo más normal del mundo, empiezan a bailar, junto a Zahara, Pucho y Marta Toro. Y, ¿recordáis aquello que dije algunas líneas más arriba de cómo bailaban Zahara y Pucho? Se ve que lo que necesitaban era algo más enérgico, porque esto lo bailan a la perfección.

Y así, como quien no quiere la cosa (nunca mejor dicho) llega la última canción de la noche. Zahara e Iván se sientan tras el teclado y hacen algo que ya les funcionó en su día, pero que parece que esta vez pilla a Zahara más desprevenida. Escuchamos cómo Ivan canta «I know, it’s only rock n roll but i like it». ¿Es «Turnedo o no? Pues sí, pero antes ese popurrí de canciones que tantas veces hemos visto en YouTube. Ahí suena un trocito de «Insurrección» (me estaba faltando, así que bien), la «Flaca» de Calamaro o «Diecinueve» de Maga. Y llega, después del mix, llega Turnedo y IFEMA termina de explotar en un júbilo inmenso. Han terminado por todo lo alto, con ese «adiós, adiós, adiós» con el que a Iván (y también a Amaro) le gusta despedir al público.

Y termina y saludan y hacen reverencias al público. Ha sido brutal y único. De camino a la odisea que supone salir de IFEMA (los conciertos en IFEMA son el mal), hago balance. Escucho a alguien decir que ha sido un concierto de Zahara con Iván como invitado. No estoy de acuerdo, ha sido un concierto de dos amigos que saben hacer música juntos. Han sabido agrupar dos repertorios en uno solo. Han sabido fusionar a dos bandas increíbles y crear una única banda perfectamente sincronizada. Han sabido a quién invitar, con quién cantar a dúo y a quién ceder el escenario. Ha sido un concierto calculado al milímetro, estudiado y hecho con mucho mucho mimo.

El sonido en ocasiones no ha acompañado (algo que se notó en la falta de comodidad de los artistas). En ocasiones la voz de Zahara ha quedado empañada por otras. En ocasiones no se ha escuchado bien a Iván. Pero son cosas que pasan en los conciertos, cosas del directo. Sin embargo, la sensación al salir es de triunfo, de saber que todos hemos vivido un concierto único y que el contrapunto, y también el equilibrio, es posible si se juntan ellos dos.

Todas las fotos que acompañan a esta crónica son de Wilma Lorenzo.

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