Quique, no eres tú, soy yo

Querido Quique, antes de nada, pedirte perdón por comenzar esta crónica con tanta confianza, más aún cuando entre nosotros hay un abismo en forma de foso.

Aunque tú no lo sepas hemos vivido mil situaciones juntos, algunas buenas y otras quizás no tanto, pero siempre has estado ahí. Nos cruzamos por primera vez en el Auditorio de Ourense (no me equivoco al decir que era 2007). En aquel momento a los chavales de provincia, más aun de provincias de paso, nos costaba salir y mucho más recibir grandes artistas en nuestras pequeñas ciudades, así que tu llegada fue para mí un verdadero regalo. Tras años escuchando tus discos era el momento de hacerlo en vivo, aún recuerdo que por aquel entonces te acompañaba sobre el escenario Asier García, quien había jugado en Pamesa Valencia y Estudiantes, con lo merengue que tú eres ¿cómo has dado cobijo a un demente? Recuerdo que te colocabas tras un teclado disfrazado de Ford Taurus y que yo me creía enamorado… no de ti sino de mi acompañante.

Más tarde convertimos ‘Calles de Madrid’ en nuestra bandera, ella era otra y te aseguro que ahora, casada y con hijos, jamás lo reconocería ni falta que hace, además, sé que cuando esa canción suena ambos recordamos con una sonrisa esos años.

Las cosas cambiaban a un ritmo acelerado. Tú publicabas nuevos trabajos, yo descubría nuevas latitudes y en ocasiones nuestros caminos se cruzaban. Sucedió en Tenerife, bajo el nombre de Desbandados. Jacob Reguillón y tú girabais a dúo. Te parecerá estúpido pero recuerdo que os marcasteis una versión de ‘These Days’ de Jackson Browne que hizo que la chica que tenía a mi lado rompiese a llorar. Lo he tenido que buscar en mis libretas de anotaciones: era 2011. 

Pasaron los años y jamás regresaste a la isla, supongo que fue, como en ‘La Ciudad de Viento’, se trataba del fin de temporada. El mío sucedió en 2013, decidí que aquel lugar de clima subtropical ya no era para mí y decidí hacer las maletas. Al regresar al norte descubrí cuanto lo echaba de menos y cuánto echaría de menos a algunas personas que se marcharían de mi vida. Ahora, siete años más tarde, en la presentación del perfil de una red social sigue una foto de aquel verano en la que yo llevo unos calcetines que no encajan en absoluto con las zapatillas y él las zapatillas que arrastraba al caminar por casa, la leyenda de esa foto reza ‘Cuando Éramos Reyes’. No tengo pensado cambiarla por mucho que me enfade contigo o que él ya no esté.

Cuando salió al mercado “Me Matas si Me Necesitas” creí reencontrarte de nuevo. Redescubrí al artista que tanto me gustaba, volví a encontrarme con esos versos como puñales que mentan a camareras pero que encierran mucho más. Algo me tocó de nuevo aunque a mi alrededor tuviese que aguantar “es lo mismo de siempre” pero no, era una vuelta a aquel “Salitre 48”. Pasó mucho tiempo hasta volver a uno de tus conciertos. Nunca los dejé de manera premeditada, tú te tomabas un tiempo desde “Daiquiri Blues” a “Delantera Mítica” y yo hacía lo propio, había demasiadas cosas que conocer y explorar. Pero cuando a finales de mayo recalabas por Galicia, fue inevitable que me apeteciese ir y debo reconocer que disfruté mucho de aquel concierto, habían pasado 5 años y 1 semana desde la última vez que te había visto sobre un escenario, lo sé porque comenzaba aquella crónica ratificando el tiempo que llevábamos distanciados. Un distancia que se esfumó cuando interpretabas ‘La Casa de Mis Padres’, que hostia me llevé, me sentó como uno de esos bofetones que te dejan fuera de juego totalmente.

En mitad de la Carballeira de Caldas de Reis nos cruzábamos con Diego Guerrero, rock-star de la cocina, compartíamos un par de frases y ambos estábamos de acuerdo que “Me Matas si Me Necesitas” era tu gran regreso, el regreso del rock, los chelsea boots y las sonrisas canallas. Disfrutamos juntos del concierto y seguimos cada uno a nuestro aire PortAmérica. Aquel fue nuestro último cruce de caminos hasta el pasado sábado. Seré sincero, jamás me planteé que podría haber sido la última vez, de hecho, nunca lo creí porque como estás comprobando, aunque se trate de un laberinto, siempre encontramos un punto en el que nos cruzamos.

Nuestro último crossroads, permíteme la licencia pero creo que nos viene de fábula, ha sido el pasado sábado dentro del Ciclo Voices al que llegabas para presentar tu último trabajo, “Las Palabras Vividas”. Debo reconocer que eso de musicar poemas, no sé, no lo he visto nunca demasiado claro por mucho que Ángel Gauche diga lo contrario pero sí he tenido fe en ti por lo tanto he aceptado que este trabajo se encuentra hermanado con “Kamikazes Enamorados” así que cargado de ilusión me coloque en mi butaca. 

Ahora ya no estás tras el piano, ya no paseas por la Asturiana de Zinc; ahora eres una rock-star, no lo veas como algo peyorativo todo lo contrario, que da a sus fans lo que ellos quieren ver. Alguien que hace suspirar a las jóvenes desde la distancia. Te mueves como un salmón remontando un río, saltando de entre discos y canciones pero sobre todo sabiendo el resultado final, sabiendo que el salitre es capaz de cambiarlo todo, de provocar picores pero sobre todo sonrisas. Sonrisas como la que tú mismo esbozas cuando el Pazo da Cultura abandona sus localidades para aplaudir al ritmo de tus canciones. Una sonrisa que acompañas con tres poses de guitarra y sabes que de nuevo has ganado el partido. Siempre has sido muy del Madrid, muy de crear como Granero pero ahora te has convertido en el Athletic, en el de los balones largos para rematar a puerta y ganar porque sabes que tienes una delantera mítica. 

No tengo nada que reprochar, faltaría más, tan solo soy un fan. Admiro vuestro buen hacer, admiro lo cuidado de la puesta en escena. Me gusta ver a Nacho Mur de camisa y americana, no es necesario ir siempre vestido de working-class. Creo que he asistido a un buen concierto, las cara de felicidad de quienes abandonan el Pazo así lo demostraban y los piropos de los amigos músicos lo confirmaban. Es justo y necesario reconocer que siguen lanzando buenos golpes aunque ese croché que se llama ‘Dallas-Memphis’ no golpee tan duro, al final, como Rocky en Creed, sigues siendo el mejor sobre la lona. Puedo decir que tú no has cambiado y sigues siendo ese boxeador que lucha con honor, quien lo ha hecho he sido yo, hace años que no me subo al ring.

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