Cuando Micah cogió la guitarra

Cuenta la leyenda que a mediados de los noventa, Ricky Martin se escondió en un armario para dar una sorpresa a una joven seguidora. Al salir de él, el bueno de Ricky… espera, no, eso que estás pensando no, lo otro, lo del perro… Pero ¿alguien puede asegurarlo? Lo del perro, la salida del armario se ha hecho más que evidente, el comprar bebés monísimos… pero eso amigos ya es otro tema. Os preguntareis a qué viene esta introducción cuando además no vamos a hablar de Ricky Martin, armarios o perros, sino de Micah P. Hinson, quien la semana pasada visitaba España. La respuesta es muy fácil: corre la leyenda que el bueno de Micah, un hombre atormentado escondido tras una gafas, es capaz de dar el mejor concierto del mundo o, al contrario, pasar la noche sin acertar a tocar en solo tema correctamente pero ¿alguien lo ha visto con sus propios ojos?

Sin duda la leyenda de enfant terrible del folk americano persigue a Micah P. Hinson. A sus espaldas atesora una vida de excesos y desafortunadas compañía, una leyenda que el propio artista no hace más que alimentar sobre el escenario con una pose de hombre perdido que se balancea sin demasiado criterio mientras interpreta canciones capaces de desarmar cualquiera.

Pasaban minutos de las diez de la noche cuando el pasado martes, Micah P. Hinson, con la sola compañía de su guitarra y un brick de leche salía al escenario de la Sala Karma ante la expectación de los allí congregados, un número mucho más que exitoso para un martes a la noche que permitía moverse por la sala con facilidad aunque estuviese llena.

Sin mediar palabra, más tarde llegaría esa retahíla de “fucks” tan habituales en el americano, dio comienzo un concierto en el que Micah P. Hinson demostró estar mucho más cerca de Tom Waits que de un borracho de bar texano que entona canciones bajo en influjo del alcohol. Por mucho que intente ocultarlo, por mucho que se auto-boicotee, está claro que Micah P. Hinson tiene ese don que le permite crear el silencio mientras él arrastra sus palabras con el único sustento de una guitarra. Y lo hace de manera perfecta para aquel que se muestra como atormentado, como un hombre que se auto-sacrifica por el bien colectivo, como aquel que rompe las reglas y se enciende un pitillo sabiendo que hace mal pero mostrando que le da igual. Porque esas son las armas de Micah: el talento, el estar tocado por esa varita mágica, y el pasotismo que lo convierte en un antisistema educado y que navega por él como sintiéndose pez, victorioso, en el agua. 

Esa mirada obsesiva al reloj y esas atropelladas palabras, no evitaron que nos rindiéramos a los temas de un artista como Hinson, quien tuvo a bien repasar buena parte de su discografía e incluso adelantarnos algún que otro tema que formará parte de su próximo trabajo que ya se encuentra en proceso de mezcla y masterización. Así descubrimos la maravillosa ‘500 miles’, un tema que bebe de ese aparentemente olvidado ‘Patience’ que tanto nos gusta. Hubo tiempo también para temas ya clásicos dentro de la discografía del estadounidense con la archiconocida ‘Beneath the Rose’ o ‘Drift Off to Sleep’ perteneciente a aquel “Micah P. Hinson and The Opera Circuit” que veía la luz en 2006, es increíble comprobar cómo se mantiene en el tiempo. 

No harto con mostrar su propio talento, en esta gira española, Micah P. Hinson ha decido dar una vuelta de de tuerca más y ha incluído dos temas ajenos en su repertorio mostrando que aunque no sean propios parecen escritos para él. El primero, de David Bazan, ‘People’ es un acto de responsabilidad al traer a primera línea el nombre de un hombre que en este país ha pasado con más pena que gloria quedando como artista de culto para una minoría. La segunda elección es mucho más “extraña” para un artista del perfil de Hinson: ‘No Surprises’, sí, de Radiohead (para mucho de nosotros una de las bandas más sobrevaloradas de todos los tiempos en gran medida por la ínfulas de su líder). Hinson desnuda la canción, la convierte en propia y de un plumazo borra la soberbia clasista que inunda todo lo que los británicos tocan. 

Lo que es indudable es que Micah P. Hinson es poseedor de una puesta en escena con la que muy pocos cuentan, una puesta en escena que le permite llenar todo un escenario con una sola guitarra y un micro de pie el resto, papeles, bricks de leche, sombreros o filtros para el tabaco, son simplemente atrezzo que poco o nada aporta a un concierto que se basa en la peculiar voz cansada del lugareño de Texas y su espectar guitarra. Micah hace lo que quiere, lo hace gracias a la combinación de talento y una cuidada imagen que le permite fallar, hablar de lo que cruza su cabeza para dejar suspendida la conversación hasta que él quiera regresar a ella y eso pueden ser años. Por cierto, su concierto del pasado martes ha sido el mejor concierto que le recuerdo en muchos años, gracias Micah por tocar y por un momento dejar a un lado el personaje y mostrarnos al artista.

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