En ocasiones «la pena», en ocasiones «la nada»

Hay artistas que trascienden la música, artistas rodeados de un halo especial que los hace únicos e irrepetibles, artistas que caminan por senderos sinuosos que quizás no lo conduzcan a la cima pero sin duda, sí al mito. Es el caso de Nacho Vegas.

Con más de 30 años sobre los escenarios, Vegas es un superviviente. Curtido en el noise, pasó al post-rock con Manta Ray para después volar solo, convertirse en leyenda gracias a álbumes como «Actos Inexplicables» o «Desaparezca Aquí» y después reconstruirse como activista social y alzar su voz contra el capitalismo. Un camino lleno de devaneos que han logrado convertir al asturiano en toda una institución dentro del panorama independiente estatal contando por cientos sus seguidores. Seguidores que, como no podía ser de otra manera, llenaron el pasado jueves el Sinatra Cóctel Bar de Vigo, donde Vegas, como cabeza de cartel, llegaba dentro del ciclo Vibra Mahou.

Con las entradas vendidas desde hace semanas Nacho Vegas subía al escenario de Vigo con una formación reducida tras poner fin a su gira presentación de «Violetica«, y reducida no es sinónimo de pequeña, ya que sobre el escenario podíamos encontrar al Joseba Irazoki a la guitarra, Manu Molina en la percusión y una sección del Coru Antifascita de Xixón formada por seis voces… concierto íntimo, lo que se dice íntimo, tampoco era, pero sí una oportunidad de disfrutar de una manera más cercana de los temas del cantautor despojándolos de la parafernalia de teatros o festivales.

Nos encontramos al Nacho más ecléctico. Temas como ‘Luz de Agosto‘, ‘A les Rexes de la Carcel‘ o ‘Los Sabios Idiotas‘ conformaron un set que tuvo como puntos álgidos temas mucho menos intimistas como ‘Días Extraños‘, nacido de su flirteo con Bunbury, o ‘Ser Árbol‘. Un setlist que no permitió que el concierto fluyese en ningún momento y es que cuando parecía que cogíamos velocidad encontrábamos un posterior jarro de agua fría. Sí, es cierto que en el encore todo funcionó: ‘Que te vaya bien Miss Carrusel‘ y ‘El Hombre Que Casi Conoció a Michi Panero‘ es apostar a caballo ganador aunque Nacho decida que ya no son las niñas quienes cantan aquello de «… Shalalaralalá…» sino las moces, los nuevos tiempos. Un bis que terminó a modo de fiesta cuando la banda versionaba el mítico ‘Pousa, Pousa‘ de A Roda, lo que honestamente, me pareció totalmente desubicado en un concierto que se promocionaba con la etiqueta de íntimo.

Sí, sin duda, la sensación es agridulce. Todos sabemos que estamos ante un creador único, complejo y, en ocasiones, excéntrico; un hombre con una sombra que parece demasiado alargada y genera a su alrededor una serie es expectativas realmente complejas de alcanzar. Vegas siempre será Vegas, su ‘Ocho y Medio’, su ‘El Ángel Simón’, su pena y su nada, su morir o matar, siempre nos acompañarán, pero en ocasiones, ni aparecen ni brillan y nos encontramos ante la imagen de lo que pudo ser pero no fue.

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